Escuchar con tiempo, intentando encontrar un propósito que trascienda el capricho del algoritmo y su miscelánea de publicaciones sueltas. Desobedecer la inmediatez. Prestar atención. Nada más, nada menos.
Podrían ir navegando sobre este viento de mañana, todos mis recuerdos mejores, mis risas niñas, el olor del asado, mi viejo en cuero, mi vieja en malla, nosotros jugando. Un río.
Un gusto por compartir publicaciones de música de Córdoba y sus alrededores. Un recorrido que se vuelve colección. Un modo de escucha que hace gracia de los algoritmos. Un año más, desde 2017.
Quizás el viento se me aplanó en el pecho, calmo y quieto, como un animal que duerme, enrollado sobre sí. O la mansedumbre de los años apilados como mantas viejas en un depósito sin desempolvar.
Siguen las flores creciendo en el baldío, siguen las piedras brillando en el río, siguen los chicos jugando en las plazas, siguen las ollas en los barrios alimentando la esperanza.