
Por Luciano Debanne.
Ustedes se ríen pero igual tiene razón: el mar es inmenso y el submarino pequeño.
Yo hubiese dicho pequeñito, pero capaz es igual.
Así es la cosa con el océano, que siempre fue infinito, y nosotros tan con nuestra finitud a cuestas, tan de mirar las estrellas o esa pampa de agua que nace en la orilla. Miramos y nos damos cuenta que… Qué se yo, para mí en eso tiene razón.
La poetisa Emily Dickinson le escribió en una carta a un tal Pérez: «To multiply the Harbors does not reduce the Sea.» Te traduzco: multiplicar los muelles no disminuye el mar.
Multiplicar los muelles no disminuye el mar, escribió la mina. Ahí tenés. Y medio que es cierto. Tan mortales nosotros frente a la muerte.
Capaz por eso nos amontonamos desde antes de ser humanos. Para enfrentar la infinitud, la desazón de la muerte. Para ponerle el pecho a esta locura de mundo, a la realidad así como viene, siempre de nalgas y llena de sangre.
Capaz por eso la tribu, capaz por eso la comunidad, capaz por eso la Nación, el Estado.
Mirá lo que te digo, capaz por eso el Estado -que entre nosotros es un modo de decir que capaz por eso un presidente y unos partidos, unas instituciones…- para hacerle frente a la inmensidad del mar, ¿entendés? Para hacerle frente a la inmensidad del mar en nuestras pequeñas barcazas a la deriva.
Escribe lindo Emily Dickinson. En otra carta escribió: «To be remembered is next to being loved, and to be loved is Heaven». Que viene siendo algo así como que ser recordado es casi como ser amado, y que eso es el Paraíso.
Eso decía Dickinson sobre la inmensidad del mar, sobre nuestras pequeñeces y capaz sobre lo que significa el olvido.