Astila

Tela de autos

23-09-2021 / Astilla, Lecturas
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Mirábamos una a una las distintas imágenes y me contaba cuál había ido al médico, cuál a comprar zanahorias y cuál a jugar. Es que en casa teníamos el libro de don conejo que en coche iba a todos esos lados.


Tela de autos

Por Garba.

¡Autos mamá! Decía mi hijo muy de pequeño y allí íbamos hasta la tienda de retazos a mirar en su frente a la tela celeste con autos que se extendía en la entrada.

Mirábamos una a una las distintas imágenes y me contaba cuál había ido al médico, cuál a comprar zanahorias y cuál a jugar. Es que en casa teníamos el libro de don conejo que en coche iba a todos esos lados.

Volvíamos en el urbano conversando largo rato sobre la tela de autos y lo que en ella pasaba.

Un día no estuvo más.

Ante fatal descubrimiento entramos al negocio y para nuestro alivio, la vimos dentro. Sin pensarlo dos veces, y ante el peligro de perderla, juntando lo que tenía, compramos varios metros de esa tela, «ideal para sábanas», y la felicidad cabía en una bolsa de nylon esa tarde, apretada de contento en esas manitas de nene nuevo.

Hablamos con doña Moni que hacía magia con sus manos, y en una semana, tuvimos el juego de cama más lindo del mundo mundial puesto y listo para todo fin, a saber: elevar los cuentos de don conejo hasta el último suspiro de sueño, recorrer cada auto con los pies, practicar los colores y repetirle el nombre a cada uno, todo eso además de acompañar la dormición.

Los años pasaron y pasan y la tela de autos sigue dando vueltas por los rincones de nuestra casa.

Una parte es mi tela de limpiar los pinceles, mi bollo para toda tarea, otra parte trapito de los perros, otra, bolsita del pan.

Un viaje cada vez que la miro y le veo el pasado encima, y le agradezco su versatilidad.