
Por Luciano Debanne.
Miren cómo se arrastran las noticias del mundo por el barro del interés.
Los comentarios políticos, trompos locos anclados todavía a su cordel de corporaciones de noticia y opinión.
Miren cómo hay más ricos que antes, más pobres que antes.
Más trecho que recorrer entre la pobreza absoluta y la riqueza desmedida.
Miren cómo el sur es un invierno que late y el norte se derrite en su insolencia hecha de desprecio, y la violencia de escaparate que sostiene el poder.
Miren el espejo roto de lo que somos en las pantallas luminosas que funcionan gracias a la oscuridad oculta, que sólo se advierte cuando se apagan, y entonces, recién entonces, nos muestran: nuestra fealdad, nuestras ojeras de sueños rotos, nuestras torpezas, nuestros rostros sin filtros que nos rediman y nos permitan entrar en los márgenes de lo que está bien.
Vean cómo se derrumban las hojas de los árboles, los proyectos que se soñaron libres, las utopías de salir de las crisis transformados en algo mejor, la fantasía de que en algún momento un paraíso.
Como si seguir remando, eternamente, con el horizonte como único consuelo, fuera momento y no condición humana, destino trágico, papel en blanco donde escribimos la vida: esto busco, esto amo, esto hago, esto soy.