
Por Garba.
Papá Noel se portó un kilo.
A mí me trajo unas acuarelas en pomo que son un encanto.
Me trajo con ellas, armar la mesa, mojar los papeles, organizar los colores, hacer planes sobre los gramajes y los tamaños.
A Ulises le trajo una malla de verano. Todos los años le trae una malla facheraza, de esas de marca cheta que le gustan, nada de las jipeadas que podría regalarle esta madre que tiene.
También nos trajo a los dos un horno eléctrico que nos alegra la cocina.
La navidad capaz que es eso, medio que te saca de lo que vos harías para ponerte al servicio del gordo cocacolero que trae con tu ayuda un poco de lo que quieren lxs demás.
Después pasa la festejación y pareciera que soltamos la sortija y volvemos cada carancho a su rancho pero eso de los regalos te cambia.
Ahora por ejemplo, mientras saco de mí la última Astilla del año voy preparando el agua para limpiar los pinceles y pongo en fila cada magenta, cada rojo, cada cadmio.
Parece que lo ha logrado otra vez el barbudo.
A mí me terminó regalando entonces las ganas de pintar y a Ulises la ilusión de irse al mar de los brasileros, todo con una rica cena recién salida del hornito mágico que se parece mucho al de la abuela Ana.