
Por Luciano Debanne.
Pintura de Daniel Pito Campos.
Qué hermosa la hora esa en que se cruzan los que vuelven con los que salen.
Llena de gárgolas y padre nuestros, de obreros del despertador y gedientos, de abrigadas y desabrigadas, de comienzos recurrentes y finales apresurados, de besos de plaza y barbijos del desamor, de vivir para siempre y querer morirse.
Qué hermosa la hora esa en que se cruzan los que recién empiezan y los que están de vuelta.
Llena de promesas y anhelos, de envidias y nostalgias, de la sorpresa de ver que hay gente tan en otra, que el mundo está hecho de manchones y cruces, que por muy mucho que uno esté en una hay siempre alguien en otro viaje, unos yéndose y otros por regresar.
Y todos en la misma vereda, el principio y el final.