
Por Luciano Debanne.
Abril nace en las islas del sur.
Y desde ahí viaja como un recuerdo hasta los almanaques ya empezados, y las agendas.
Tiene olor a humo, a primera naftalina, a nostalgia de lana guardada, a ropa con surcos de tanto sin usar.
Abril viene envuelto en papel celofán.
Y brilla sin destellos, como un huevo de chocolate barato.
Tiene, aquí y allá, adornos barrocos y azucarados que lo hacen lucir un poco más.
Y adentro uno le adivina pequeñas sorpresas de fin de semana y feriado largo. Oportunidades que quizás son algo, aunque probablemente apenas sean confititos de colores.
No está mal igual.
Abril termina rápido, vaya uno a saber por qué.
Capaz porque ya todo se mueve, ya en tránsito las cosas, ya echados a andar.
Abril llega con la magia de lo que está en marcha.
Primera mitad de la primera mitad.