
Por Luciano Debanne.
Anda a saber por qué pero resulta que a Dios se le ocurrió que todo debía empezar doliendo.
Parirás a tus hijos con dolor, dijo, y yo me lo imagino diciéndolo medio triste, como uno cuando en medio de un reto se da cuenta que la cagó -capaz por calentura, capaz por impotencia- pero ya está hecho.
Y ahí andan nuestras viejas, doliéndoles la alegría para siempre, por mandato divino. Eternamente preocupadas por que estemos abrigados, hayamos comido bien y dormido lo suficiente.
Y nosotros acá, celebrando tener pupo, no en la panza, porque se sabe, ser hijo no es cosa de biología.
Nosotros acá, celebrando tener pupo en el corazón, cicatriz de amor, a veces llena de pelusa, como andan las cosas que se aman cotidianamente y sin espamentos.
A veces al sol, como hoy.