Con Permiso

Espalda con espalda

24-10-2017 / Con Permiso, Lecturas
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Hace un tiempo que los miramos intentando comprender, con descrédito a lo que ven nuestros ojos. En cualquier caso, acá estamos nosotros.


Espalda con espalda

Por Luciano Debbane.

Parece que hubiera, entre nosotros, una sensación de invasión. Una reacción ante la llegada de lo extranjero.

No de lo bárbaro -porque nos gusta reservanos ese lugar en las caricaturas antinómicas de la historia- sino tal vez, lo contrario: una rememoración de cuando llegaron las carabelas, los civilizados.

Un estupor, un descrédito a lo que ven nuestros ojos, que va desde la temerosa fascinación -como dicen que fascinan los ojos del depredador a la presa indefensa- hasta el zafarrancho de combate: desorganizado, incapaz, en un punto impoluto.

Hace un tiempo que los miramos intentando comprender, cómo y por qué son capaces de hacer lo que hacen. Pareciera que está más allá de nuestra comprensión. Incluso de la comprensión de nuestros chamanes más avezados, de nuestros curacas más curtidos en el arte de la guerra. Son adversarios nuevos, no comprendemos, no los comprendemos.

¿Sabrán ellos esto y lo aprovechan o estarán tan anonadados como nosotros del papel que les tocó jugar? Como el pata dura que de repente se da cuenta que pasó a todos y está solo frente al arco… Vaya uno a saber.

En cualquier caso, acá estamos nosotros, aguantando la bollacera, a lo guapo, espalda con espalda para reducir los frentes. Algunos con miedo, algunos con rabia, algunos hilvanando nuevamente una mística de la derrota, de la capacidad de soportar los golpes, del aguante; otros viendo cómo escapar con vida; y muchos de nosotros mirando, sólo eso, mirando los puñetazos que vienen, resolviendo un golpe a la vez y esperando que finalmente amanezca, como en las películas de vampiros en que los buenos están rodeados y sólo queda esperar que se trate de cine pochoclero con final feliz y no de otra más de las torvas historias latinoamericanas… Tan tristes todas, tan cepias.