
Por Garba.
Juan (me dicen) se ha perdido.
¿Les hablé de esta vida mía de Juanes?
Fue mi maestro, mi amigo, mi cómplice.
Hicimos juntxs viajes, muestras, experimentos, pinturas y sobre todo mucha cocina adentro.
Juan fue siempre tremendamente generoso.
Gané una beca con él hace muchos años y nos volvimos alguien cercano.
Nos cruzábamos los últimos tiempos en sus inauguraciones topísimas y nos prometíamos vernos más seguido.
Se reía cómplice, como un nene atrapado en su aspecto de pintor que sale en los libros de historia del arte argentino.
Me gustaría darle la mano gordita y maciza que tantas veces me tendió con ternura y llevarlo conmigo a ese mundo que compartíamos entre pinceles y abrazos y alegría y mates, donde éramos mucho más nosotrxs.
Juan hizo tanto para que aceptara o comprendiera las superfluas reglas del mundo del arte.
Pintaba hermoso hermoso, su obra es un paraíso.
Se vestía de negro y nunca peinaba su pelo blanco de viruta.
Me abría las puertas de su casa taller y de su corazón.
Guardo en una parte del mío sus fuegos y las capas de pinturas superpuestas, los regalos simples y las tarjetas de teléfono que me regalaba para que lo llamase desde cualquier lugar del mundo.
¿En qué jaulas de qué rincones se guarda esta intriga de saber de vos, Juan?