
Con permisoBermúdez

Por Luciano Debanne.
El oficinista Miguel Bermúdez odia su trabajo.
Maldice tan sincera, profunda y regularmente cada día laboral, que logra despertar la simpatía del diablo.
Un 6 de mayo, el señor de lo oscuro se le aparece junto al tercer orinal del baño de caballeros y le anuncia, sin preámbulos, ante el asombro y la bragueta abierta de Bermúdez, que ha decidido concederle un deseo.
Miguel, sin dudarlo, pide felicidad eterna para su hijo.
El diablo se la concede y desaparece.
Vivirá Bermúdez una vida de dolores, maltratos y varias injusticias. Como la mayoría de las personas.
Su hijo, en cambio, será pleno en dicha en todos los aspectos de su existencia.
Al verlo, Miguel es feliz junto con él.
Así es como el oficinista Bermúdez hizo de su pesar una moneda de cambio, y de su amor una inteligencia: siéndole otorgado un deseo, logró arrancarle al diablo dos.


