Dicen que los árboles crecen en su vaivén continuo, lastimando la corteza, para que lo de adentro sea hacia afuera, cicatrizando las rupturas, para nacer más.
Dice Yahvé que cada cincuenta años todo se borra y la cuenta vuelve a cero. Y que entonces cada quien su pedazo de tierra, y de libertad, igual al vecino, igual que al principio.
Que sea tuya la felicidad. Heredarte mis mejores días, hacerte parte de las alegrías de todos. Regalarle a tus manos la fuerza para crear la dicha, tuya, propia, única, irrepetible.
San Cayetano, santito de los pobres, no te olvides de quienes ya trabajaron lo que debieron y de quienes no pueden trabajar más. Que nuestro trabajo sea su sustento.
Quién vendrá a desplegar las fichas y disponer el tablero, a encender las pantallas y cargar los controles, a convocar casa por casa y fijar el cuándo y el dónde. a grito pelado, amontonados y…