Emoción Registrada

Gonzalo Bissón sobre “La Amistad Essen”

27-05-2018 / Emoción Registrada, Lecturas
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En nuestro espacio destinado a rescatar textos de la redes sociales, compartimos el acta de fundación de una nueva modalidad de afectos, en palabras de su mentor. Si tiene o vio alguna de estas ollas, pase a firmar.


Gonzalo Bissón sobre “La Amistad Essen”

Esto que parece una publicidad encubierta de las ollas Essen, es algo bien diferente, a veinte mil leguas de cualquier contraprestación, por lo demás insólita de sólo imaginar.

El querido Gonzalo Bissón, bajista viejo y peludo de nuestra escena, o más bien peludo y joven, escribió una especie de manifiesto de un tipo de amistad duradera con la marca de estos cacharros interminables como definición imbatible, sombreadora involuntaria de unas cuantas pobres ideas que aparecen en las tandas publicitarias recientes. 

El simple “más vale” como respuesta a la solicitud de robo permitió esto que sigue, que seguro ya fue leído desde su muro de Facebook por varios pares de ojos que puedan pasar por aquí, pero tal vez no y entonces acá va, para que el resto del universo se lo siga perdiendo, a excepción de tres o dos nuevas lecturas. 

Al final del recorrido por las amistades enumeradas, y después de reconocerse en más de una, alguien tomará la olla Essen de su casa, media negra de tantos guisos y con la tapa cachada de tantas caídas, y le dará un abrazo.

Sí sí, es una invitación. A vos te decimos: si nunca abrazaste esa olla Essen o la que sea que tengas ahí cerca, éste es el momento, o apenas termines estos párrafos.

Gonzalo Bissón – 21 de mayo de 2018.

En mi vida descubrí distintas formas de amistad, pero la primera que conocí fue la amistad abuelo-nieto. Era una amistad un tanto desbalanceada. Podía pasar horas molestándolo y él horas riéndose de eso. Nos veíamos mucho y nos llamábamos por teléfono fijo para hacernos algún chiste que nos levantara el ánimo. Los chistes tenían que ver con inventar una realidad lo más absurda que pudiésemos y así cruzamos todo tipo de limites. Creamos un mundo aparte que nos sacaba por un rato del mundo real y nos daba la posibilidad de pensar o decir absolutamente cualquier cosa.

Aprendí a disfrutar de todo tipo de amistades. Las heredadas, que te tocaban por ser hijos de amigos y donde había que aprender a jugar porque sino el tiempo no pasaba. Amistades de primos con la pelota siempre presente. Amistades de colegio, que te enseñan a convivir con otras personas que también son hijos y nietos, y que en la mayoría de los casos nos hacen salir de la burbuja y caer en la cuenta de que todos somos los reyes de la casa propia, pero que afuera hay que conciliar.

Amistades demandantes, de las que si no te ves dos días, ya no es lo mismo. Amistades atemporales, donde no importa el tiempo que pase, la confianza es la misma. Amistades con fines de lucro, y esa línea fina que hay entre ser amigos y tenerse ganas.

Amistades que siguen sin importar qué pase. Amistades que se rompen y duelen. Amistades tóxicas que a veces se sostienen sin saber porqué. Amistades por coincidencia de una determinada actividad, que se cortan apenas cambiás de lugar frecuente.

Amistades donde los participantes se reconocen como “de la misma especie” y desde el primer momento se sienten amigos de toda la vida. Amistades profesor/alumno o alumno/profesor. Amistades que te dejan grandes enseñanzas. Amistades que te hacen reír hasta las lágrimas.

Empecé a diferenciarlas y a elegir mis preferidas, amistades en las que me gusta poner fichas. Una de esas es la amistad con algún código especial. La que tiene un apodo único, un saludo particular, una mirada.

Hablando de cualquier cosa una amiga me preguntó si yo tenía una olla Essen. Una olla Essen la tiene gente que se casó o gente que tiene una capacidad admirable para ahorrar y gastar la plata en cosas necesarias.

Yo ni me casé, ni tengo esa capacidad. Cada centavo que puedo ahorrar, lo gasto en algo que me vuele la cabeza. Y una olla Essen, por mas necesaria y práctica que sea, está lejos, casi a años luz de volarme la cabeza.

Respondí que no, que por favor me regale una. Su respuesta fue “ni en pedo”.

Surgieron muchas hipótesis del grado de amistad necesaria para regalar una olla Essen, o para ser digno merecedor de tamaño regalo. El debate concluyó en que si alguna vez ella me regala una olla Essen, automáticamente vamos a saber que nuestra amistad subió un nivel grande. Un nivel que da lugar a un nuevo tipo de amistad, que no solamente reúne muchas características de las amistades preferidas de cada uno, sino que dura para toda la vida y la comida no se le pega: La Amistad Essen.”