
Por Violeta Brodsky | vbrodsky@redaccion351.com
Foto: Facundo Martínez | fmartinez@redaccion351.com
La sala de las Américas del Pabellón Argentina estalló en aplausos cuando el locutor anunció, luego de 20 minutos de espera, la presencia a Silvio Rodríguez en la ceremonia Honoris Causa de la Uiversidad Nacional de Córdoba.
Y así se presentaba el cantautor cubano, delgado, con un estilo informal que desentonaba con el carácter serio y formal de este tipo de eventos. Pero Silvio no desentonaba. No podía desentonar aquel hombre que acompañó a la revolución cubana con su música, que demostró su compromiso social y que se animó a innovar en un estilo que ya le es propio y en una poética que recorrió casi cuarenta años sin perder vigencia ni calidad.
Acompañado por la rectora Carolina Scotto y demás autoridades de la UNC el acto se inició con la lectura de una carta enviada por Jorge Lamadrid Mascaró, embajador de Cuba en Argentina quien se disculpaba por su inasistencia. Luego de los himnos nacionales, el argentino y el cubano, la rectora tomó la palabra con un discurso que rememoró vida y obra del artista, sus inicios, su compromiso social y político, algunas de sus principales canciones, su discografía y sus historias, instaladas ya en el imaginario popular de toda Latinoamérica. “Su proyecto artístico fue el de la Nueva Canción Latinoamericana, y el Movimiento de la Nueva Trova es el fruto de su tenaz labor, que otorgó a la música cubana y latinoamericana la necesidad de plasmar la voz de los oprimidos y la valoración de lo cotidiano”, explicó Scotto, para detallar la resolución del Consejo Superior dela UNC y especificar que el título es conferido a grandes personalidades de la cultura y el arte, las ciencias y el compromiso social o político porla UNC, institución “que mantiene fuertes lazos de cooperación y amistad con los países de la región y con Cuba”. Córdoba-destacó-es la misma que vio crecer a Ernesto Guevara y a sus sueños; aquel joven médico cuya acción política e inspiración se expandió desde Cuba a muchos países latinoamericanos”.
Luego de la entrega del diploma y otros regalos Silvio agradeció el reconocimiento: “Siempre me consuela cuando aclaman a Cuba, porque el peso se reparte un poco y pienso en mi pueblo que se merece mucho”, agregó y aseguró que hacía falta tener mucha suerte para estar en ese lugar y en ese momento, “para llegar, pienso a veces que hace falta una gran preparación, una multitud enorme de millones que no llegan nada, para que solo unos pocos en la vida podamos llegar a algo, dijo y, como buen trovador, se animó a entonar unas estrofas a capella, a pesar de no haber preparado nada especial para la ocasión. “Espero que me sepan perdonar si no me extiendo en la parte lírica, pero todas mis canciones surgen de canciones que fueron hechas por personas que no son conocidas, como ésta”, aclaró y comenzó a cantar El Colibrí yla Flor, ante el silencio rotundo de la sala, por la musicalidad y el timbre de una voz inconfundible.
Antes de despedirse le dedicó su discurso al Che, y trajo a colación todos los temas inspirados en él. “Comprender la dimensión del sacrificio de este hombre, su idea del internacionalismo como acto supremo de solidaridad, como expresión máxima de la condición humana, movió mis convicciones”, dijo destacando su figura como el hombre que inspiró a toda su generación de cubanos. “Algunas de sus ideas fueron concebidas en un mundo que ha sufrido algunos cambios. Pero su búsqueda de una dignidad humana plena sigue siendo un motor contemporáneo. Porque Ernesto Guevara no tuvo intereses mezquinos: fue un inconforme radical, un iconoclasta que puso su pellejo por delante para dar un sentido superior, más que a su propia vida, a la vida de todos”, expresó para concluir: “El Che también está en la profunda gratitud que me motiva en este acto, en esta casa Universal de Córdoba, tierra donde este Hombre sin muerte también dejó su huella”.