
Como cada martes, una historia de Alegría Ahora, la escuela de Amor Político de Bella Vista, en palabras de su fundadora, para volver a aprender cómo entendernos.
35. Chispear en la mierda
Mónica Lungo, domingo 24 de junio de 2018.
Hace semanas que no tenemos buenas palabras para comunicar.
No es que estemos inmóviles, al contrario, ya contaremos todas las vidas que hemos protegido.
Nuestras palabras nacen del fuego de nuestro corazón y cuando se apaga, esperan hasta que volvamos a encendernos con la fuerza de la esperanza.
Anduvimos con mucho desconsuelo porque una vida, única e irrepetible -como nos enseñó nuestro maestro Alberto Morlachetti- no pudimos abrazar lo suficiente y murió de dos balazos.
Algo muy común, demasiado común en los barrios marginales. Pero hacía años que un estudiante no moría, así, con tanto sinsentido y violencia…
La mañana que me contaron, sólo pude llorar.
Al otro día había que ir a despedir a S.
A quienes nos tocaba ir estábamos muy nerviosos. Sabíamos que nos esperaba un momento de mucho dolor.
Justo ahí, cuando pedía mucha energía para estar a la altura de un momento tan difícil, nos llegó la canción que nos hizo Guadalupe Gómez.
Supe que iba a darnos fuerzas y la primera vez que sonó fue por mi celu, abrazados…
Fue como un rezo, una plegaria para recordarnos que “encendemos lo oscuro del mundo con la fuerza de nuestras almas” y que había que ir a despedir a S, al terrible S, al brillante, al rebelde, al que no pudimos abrazar para que se quedara cerca y lejos nuestro terminó rápidamente, como dijo su mamá: “Mi hijo, que se llevaba el mundo por delante hasta que el mundo se lo llevó por delante a él… Usted sabe seño todo lo que hice, lo que usted hizo para que no terminara así…”
Muchísimo esfuerzo, que no alcanzó.
Encender lo oscuro suena potente, mágico e imprescindible, lo es gente, lo es.
Hay momentos de intensidad altísimos. Piensen en médicos sin fronteras… Alegría Ahora es una escuela sin fronteras, no es fácil, la muerte y la violencia extrema sacuden a diario y ahí estamos atrincheradas en una escuela, dándoles a la gente la mejor arma: la Educación.
Yo sé que nuestras palabras vívidas, y que después se escriben y publican, son palabras de mucha esperanza. Sabemos que hace bien leernos, conocernos, saber que estamos.
Por eso quería contarles que cuando nuestra voz está callada, es cuando más batallas estamos perdiendo y cuando perdemos, perdemos vida.
No soy futbolera, pero amo la energía colectiva que el fútbol logra encender. Me embola perder, obvio.
Pero me rebela muchísimo que para gran parte de nuestra sociedad sea más importante un partido que la vida de un joven. Muchos somos conscientes y sabemos esto, yo lo vivo todos los días.
Enfoquemos en lo que importa, hoy es tiempo de cuidar Derechos, no de boludear.
A veces el impacto de lo inhumano es tan fuerte que nos apaga, nos calla y hay que recuperarse.
En el cajón, S. estaba rodeado de “cosas que al muerto le gustaban”: un faso, un vagallo de alita, un fernet y muchas fotos con amigos donde mostraba su lengua azul de pastillas…
La única foto u objeto que era distinto fue el que pusimos como escuela: una foto de él en una agenda nuestra, donde se lo ve feliz, sonriendo, dibujando, siendo un niño pleno.
Estamos en un momento difícil, en volver a encendernos para continuar siendo la única posibilidad de escribir nuestros propios destinos.
Solo con Amor Político y Educación.
Pronto volveremos a chispear.
Gracias.