
Por Luciano Debanne.
¿Cómo se verá el mundo tras el acrílico raspado de los escudos policiales?
¿Cómo se verá el cielo, las veredas, los árboles, los perros callejeros?
¿Cómo se verán los negocios, la comida, los bancos de las plazas?
¿Cómo se verán los vecinos, los parientes, los compañeros del secundario, los amigos de la infancia, las novias, los padres de la escuela de tus hijos, la señora que ayer nomás ayudaste a cruzar?
¿Cómo se verá el mundo tras el doble acrílico sucio del casco y del escudo?
¿Cómo se verá el hambre, la injusticia, la desesperación?
¿Cómo se verán las banderas?
¿Cómo se verá al caído?
¿Cómo se verán las caras de los golpeados, de los expulsados, de los bañados en pintura, balas, miedo, bronca, y esa sensación de impotencia que te nace frente a la injusticia cuando es vivida en la carne como un moretón sangrante?
¿Cómo se verá el llanto de los gases, de la pena, del horror?
¿Cómo se verá el mundo desde el otro lado?
¿Cómo verá el mundo el tipo encargado de defender con sus brazos el dolor?