• Naty Drazile

Naty Drazile

2020

Enero arrancaba lleno de música y se vislumbraba como un terreno donde todo podría brotar y sonar, ser. A fines de enero y principios de febrero una seguidilla de toques alimentaban esas ganas de hacer. Sonamos en formato dúo con Celeste Cielo -que me acompañó en este proceso de salir a cantar mis canciones desde el inicio- en un espacio hermoso y necesario “Vrota ciclo” en Alma Dórica. Se sumaba Faku Funes en el bajo para tocar en trío en “La Nogalera” en Villa Giardino, compartiendo noche con Enrico Barbizi en un escenario con sets simultáneos y ping pong de canciones, y así en trío sonar también en “Un Tal Harrison” y jugar de local allá por mis pagos, en Pilar.

Durante febrero surge trabajar con Guillermo Linder, amigo y coequiper sonoro sobre la grabación de dos canciones, “Lunar” y “Mantra”, con la intención de tener un registro, una foto de lo vivido durante el 2019. Ese impulso/necesidad que me llevó a compartir y salir a tocar por primera vez mis canciones y también poder contar con un material grabado para encarar el 2020, fue un proceso hermoso y lleno de aprendizajes.

Comienza marzo con una invitación para tocar en La Nave Escénica, “Duas”, noche de compositoras cordobesas, junto a So Costamagna y Paulina López, con las cuales no sólo compartimos a nuestra querida Celeste Cielo en percusión, sino también el proceso de cantar y compartir nuestras canciones. Me sentí identificada y abrazada.

Y de repente nos sorprendió la primera cuarentena, luego la segunda y así…

Una pausa, una suspensión en el tiempo, una rareza absoluta. Pero también una invitación a repensarnos, a revisar los modos, hábitos, nuestras prácticas, adónde ponemos nuestra energía y tiempo, nuestra relación con la naturaleza, los vínculos… Fuerte.

Atravesada y movilizada por la incertidumbre social, el impacto sobre el ámbito artístico y sus diferentes espacios y actores, los estados anímicos y emocionales de muches, la energía extraña en general, encontrarme en el rol docente en las escuelas donde trabajo desde la virtualidad… Y en el centro ahí estaban, mis hijes, mi compañero y la música, realmente un refugio amado. Y así, un espacio de la casa se destinó y transformó en una cocina musical, un mini home estudio en donde aprender y experimentar a grabar, registrar, canalizar los estados, explorar con nuevos sonidos y terminar de comprender por dónde quería manifestar mi música o al menos por dónde va la búsqueda.

En ese camino nacieron nuevas canciones y micro canciones, algunas de ellas tuvieron la posibilidad de sonar por vez primera vía streaming, la única experiencia de toque en vivo del año, en el ciclo “Canciones Cruzadas” junto a las chicas de “Ruda” que tienen todo el power, en el Centro Cultural España Córdoba. Esta vez en formato banda con una familia de amigues musicales que quiero y admiro mucho, Nicolás Pijuán en batería, Verónica Guevara en vientos y accesorios y Faku Funes, también mi compañero de vida, en bajo. En simultáneo también se dio la concreción del lanzamiento en las diferentes plataformas del single “Lunar,” una de las dos canciones que había comenzado a grabar a comienzos de año, regalándome una felicidad inmensa, permitiendo durante ese camino tejer redes y compartir con otras mujeres artistas, Lula Roma y sus escritos, Virginia Moona y sus ilustraciones, Carla y Denise de Lunaticxs sobre Ruedas en fotos e intervenciones.

Agradecida con lo que este año vino a mostrarme/mostrarnos, lo deseado y lo no, lo que dejó al descubierto, la calidez y amor de quienes me rodean y a la música que abrazo fuerte con su magia.

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