Sendas que aún se ven. Pastos oscuros. Paisajes que tienen la calma muerta de después de la furia enardecida.
Lecturas

Preludio de la lluvia
Todo a punto de estallar. Como estalla el llanto contenido, o la furia sin regreso, o la última coda de la depresión. Como estalla la semilla en brote y el pimpollo en flor.

El fin de la melancolía
Se agita la savia y la sangre, y entra en celo el mundo, que de tanto desearse es como si todo fuera puro amor.

Escribiré
Consignas incendiarias, pedidos de paciencias, planes quinquenales, discursos y proclamas. Nuestro nombre en las paredes, aquello que nos convoca, nuestro santo y seña, alguna indicación.

Nuestros malditos días moribundos
La presunción de una llovizna gris para subrayar el invierno. El código indescifrable de las patentes de los autos. La resistencia clorofílica de un árbol rodeada de cemento y alquitrán.

Urgencia
¿Cómo no regar de explicaciones las malezas del pesimismo siendo que crecen tan cerca de las espinosas flores de la realidad?

No acostumbrarse
Ni a la vida esta que hoy tenemos y mañana no está, ni a los abrazos de quienes nos abrazan. Ni al abrigo que nos defiende del frío, ni a la mirada del niño pidiendo la moneda.

En sus oídos tu voz
Si hoy viniera tu fantasma a esta tierra, tuya patria madrecita estampa felicidad. Si tu fantasma viniera por las fábricas que quedan, tus gremios fuego memoria vestigios creación.

Somos en los amigos
Un país sin capital. De fronteras difusas, móviles, oníricas, vivas en su tradición e historia, en sus formas cambiantes según cambia la vida en su sucesión.