Juan Manuel Pairone

Juan Manuel Pairone

2017

Dar vuelta la página

Fue un año ambiguo para la música emergente ligada al pop y al rock en Córdoba. En la temporada en la que “La Nueva Generación” dio el gran salto, tuvimos un festival que congregó miradas de todas partes del país pero, al mismo tiempo, costó encontrar opciones para pensar los lanzamientos más resonantes del año dentro del circuito local.

Hubo artistas que decidieron apostar a sus producciones propias en materia de shows (señal inconfundible de un ecosistema de trabajo en desarrollo), pero también muchos programadores debieron (debimos) recurrir a números “extranjeros” para mover un poco más el avispero de la demanda. Y por debajo de eso, varios proyectos nuevos que debieron convivir entre la expectativa hiperconectada y la realidad de varios años a esta parte: pocos espacios para mostrarse, agendas apretadísimas y una dinámica compleja a la hora de pensar el crecimiento paulatino de cualquier banda o solista con ambiciones de crecimiento.

Fenómenos como Perras on The Beach, Louta o Usted Señalemelo se hicieron fuertes en la ciudad y reunieron a un volumen de público que, efectivamente, existe, se interesa, quiere formar parte. Eso no significa que esté dispuesto a ir a ver artistas que no le ofrezcan algo que conmueva o interpele. En ese sentido, el festival de Discos del Bosque o las movidas de rock psicodélico lideradas por Hijo de la Tormenta fueron gratas excepciones. Sin embargo, ¿por qué cuesta tanto generar interés en 400 o 500 personas que en cualquier otro fin de semana dirán presente, sin dudarlo, ante la posibilidad de ver a números similares pero con otro peso simbólico?

Ahí radica, entonces, el desafío para lo que viene. Córdoba es una plaza clave para el crecimiento (cada vez más sostenido) de la escena emergente de un “nuevo rock nacional”. El recambio generacional está sucediendo y el reconocimiento ya no es sólo artístico. Sin embargo, siento que la sensación que predomina es la de la incertidumbre. ¿Cómo se llega a más gente? ¿Cómo se incentiva a nuevos públicos? ¿Cómo se contagia esa adrenalina que se puede ver en otros espectáculos afines? ¿Sólo es posible el camino de Los Caligaris, que recién fueron reconocidos a nivel local luego de convertirse en un fenómeno continental?

Esas y otras preguntas son parte de una realidad entre muchas otras. Los artistas y los proyectos se multiplican. Quienes vienen trabajando hace algunas temporadas empiezan a pensar en nuevos desafíos y la tiranía del paso del tiempo aparece como un límite natural frente a cualquier expectativa inicial. Sigo pensando que no hay mejor forma de definir a este circuito que mediante el concepto de ecosistema. Artistas, medios, profesionales técnicos, productores y públicos son parte de una misma porción de “lo que sucede”, aunque las miradas sean diferentes, sectorizadas. Escuchar a esos otros, tratar de entender y no dejar de innovar en la búsqueda de ese intangible llamado “identificación” son más importantes que nunca en un contexto que tiene todo para seguir floreciendo. Córdoba está lista para dar vuelta la página. Nosotros, ¿estamos listos?

Foto: Bahía Flores.

 

2016

Fue un año cargado de obstáculos y desafíos. En el mismo momento en el que la comunidad científica intenta defender derechos conquistados que pretenden ser arrebatados de un plumazo, no puedo dejar de pensar en la imagen de un remo, pesado y astilloso, pero que no deja de entrar y entrar en el agua para seguir avanzando. Hace un año vivimos en un país distinto, otro paradigma de valores se ha ido imponiendo en los últimos doce meses y la cultura no parece formar parte de ese plan maestro.

Córdoba, por supuesto, no ha sido la excepción a este nuevo cambio de época. Sin embargo, e incluso contra pronósticos propios cargados de pesimismo, las cosas no han dejado de suceder. Bandas nuevas que se multiplican, artistas que proponen con ambición y expectativas de crecimiento, programadores que apuestan aún pese a la merma en los consumos culturales, espacios que invierten en infraestructura. ¿Sigue siendo insuficiente? Quizás. Pero también sigue siendo necesario para no perder el envión alcanzado en los últimos años.

En Buenos Aires, en Rosario, en Mendoza, en Mar del Plata y también en otras ciudades, Córdoba ha sido destacada durante todo el año como la actual meca del pop y el rock argentino. No es poco para una urbe históricamente asociada a otras músicas, y es signo de que convivimos con una generación de artistas que busca superarse en cada nueva instancia. Quizás por el momento eso no signifique mucho en términos materiales (apenas algunos shows en grandes escenarios) pero es palpable la sensación de que están pasando cosas que nos ponen la piel de gallina. Por supuesto, hay quienes eligen pararse por fuera, y otros que no se sienten parte. Pero el hecho de que estemos discutiendo a la escena, que la pensemos, la critiquemos o la despreciemos, da cuenta de un espacio simbólico que se va moldeando cada vez más con perspectivas heterogéneas y puntos de vista que entran en pugna.

En este sentido creo que es fundamental recuperar la voz crítica de un pensamiento cultural que sea capaz de abordar la actividad musical como un espectro complejo de circuitos y escenas. No todos quieren lo mismo ni buscan de la misma manera. Y ahí es cuando el lugar de la crónica y el ensayo  se vuelven fundamentales. Poner en valor discos y artistas nuevos, pensar más allá de lo redituable en términos de redes sociales y, fundamentalmente, generar nuevos canales de circulación son algunas de las tareas urgentes. La comodidad de lo establecido atenta muchas veces contra esa motivación básica, por eso es necesario seguir repensando la actividad y no caer en un piloto automático que pretenda uniformar un mapa artístico ante todo variopinto. Música experimental, canción pop radial y raíces latinoamericanas son sólo algunas de las caras de un poliedro casi infinito, con reglas y valores que cambian cada dos cuadras y con expectativas diferentes por razones múltiples. Aportar a que eso siga sucediendo y que, al mismo tiempo, la convivencia sea cada vez más fructífera para todas las partes es, creo, una hermosa utopía, una por la que vale la pena el esfuerzo.

Los grandes polos musicales de Occidente (Nueva York, Londres, Berlín, Ciudad de México, Santiago de Chile e incluso Buenos Aires) deslumbran por su aleph de referencias y cruces estilísticos. Pensar que Córdoba también puede ser una de esa ciudades en las que la música define parte importante de la identidad cultural tiene que ser el salto definitivo para abandonar nuestra histórica dependencia con el afuera. Queda claro que el fervor y la creatividad no faltan. Es momento de generar nuevas instancias de cruces y diálogo, y también de apostar a un crecimiento del sector musical como un todo complejo, con sus contradicciones y su potencialidad como industria cultural de base local.

Juan Manuel PaironePeriodista – Gestor – Compilador de “Esto es una Escena”.