
Con permisoUna pena antigua

Por Luciano Debanne.
Debo tener la luna en coso y mi estrella mirando para allá.
O quizás el viento se me aplanó en el pecho, calmo y quieto, como un animal que duerme, enrollado sobre sí.
O hicieron efecto los portales de noticias y su desaliento, o la mansedumbre de los años apilados como mantas viejas en un depósito sin desempolvar, o un otoño germinando en la profundidad de la tierra aunque arriba sean épocas de carnaval.
O tal vez me visitó en sueños una pena antigua, o la predicción de algún final; o se me enredó una nube en la mirada prístina o se cansaron mis huesos, mi sangre, mi carne, mi cuero, mis tripas blandas, el andar siempre atado a la gravedad.
O se sentó, paquidérmico, sobre mis hombros un cerrar de ojos, un responso, un almanaque de tiempos viejos, un barullo de réquiem sonando a la distancia, una solemnidad de días prestados, un aura fantasmal.
O mi estrella dejándome, o la luna en otro lado, la noche ciega, pura oscuridad.


