
Un sueño interminable

Por Luciano Debanne.
El desfile militar. La escarapela. Las caras con corcho quemado. Los tanques. El chocolate caliente. Los discursos. Los próceres. El feriado. ¿Llovía o no llovía? El revisionismo. La efeméride. La figurita en la Billiken. La regla con el contorno del Cabildo. Los disfraces en el jardín y la primaria. Buenos Aires y las provincias. El rey de España, el virrey de España, el virreinato español. Patria sí, colonia no. Los revolucionarios. ¿Había gente afuera? ¿Había pobres afuera? ¿Había indios afuera? ¿Había mujeres adentro? La jabonería de Vieytes. Las escarapelas de French y Beruti. Los discursos encendidos. Los cabildos de las provincias. Los ejércitos. Los abogados. Plaza de Mayo. La ilustración. Zamba en Pakapaka. El acto escolar obligatorio. Las palabras de la directora. La contra revolución en Córdoba. El cuadro en el museo. La Patria. La muerte de los compatriotas. Las intrigas. Los documentales de historiadores y conductores televisivos. Los abanderados. El Tedeum. Los monumentos y placas. El locro. El pago extra por día no laborable. El manual de historia. Las avenidas, boulevares, calles y callejones sin salida que se llaman 25 de mayo. Las escuelas que se llaman 25 de mayo. Los posteos alusivos. El discurso lamentablemente que dará o, con suerte, no dará el presidente.
La revolución como sueño eterno, continuado, interminable, cotidiano.


