Un espacio para compartir historias en torno a la Escuela de Amor Político de barrio Bella Vista, desde el testimonio de quienes todos los días le ponen el cuerpo a la justicia social como principio indeclinable.
115. Tati
Mónica Lungo, martes 8 de abril de 2025.
«La miré.
Y nos abrazamos llorando las dos.»Cuando conocés los abismos del mundo no es fácil salir a caminar bajo el sol.
Dicen que el sol sale para todos. Es verdad, pero no todos duermen bajo los mismos techos. Hay gente que ni techo tiene.Por eso vivir en la desigualdad social te traumatiza. El estado de alerta permanente lastima todo tu cuerpo y tu corazón. La cabeza no para nunca porque tenés que estar en tensión para defenderte sin respiro de las balas que vienen de todas partes. Siempre alguna te toca y esa herida es casi imposible de cerrar.
Casi.
Porque cuando hay una escuela que te abraza, dejás que los rayos del sol toquen tus heridas y así, de a poquito, te animás a soñar.
Hace tres años que Tati podría haber seguido el secundario. Es inteligente, rápida, compañera, sensible. Tiene todo, menos justicia social. La justicia social la vive un poco en la escuela: «Alegría Ahora va a ser siempre mi escuela porque es mi refugio.»
Hacía tres años que las noticias que nos llegaban de ella eran tristes.
Hace un mes volvió. Hermosa y fuerte. Más entera, con la decisión de seguir estudiando.
Ir a un secundario para quien ni siquiera lo tuvo como posibilidad en sus sueños, es en extremo difícil. Casi imposible.
Casi.
Porque hay una escuela que va a acompañar no solo las «trayectorias escolares», como dice el sistema, sino «las trayectorias de vida», porque se trata de que no muera, ni de tristeza su corazón ni de una herida de bala su cuerpo.
«¿Me vas a llevar a la escuela como me dijiste?»
Tenía mil cosas para hacer, pero llevarla en el auto, con la Mona sonando a su primer día de secundario, era lo más importante para hacer hoy. (Gracias Carla por coordinar este nuevo proyecto.)
Ella estaba nerviosa, seria. Casi todo en su vida le dice que no va a poder.
Casi.
Porque estamos sus maestras creyendo en ella. Le pregunté qué quería de regalo por empezar el secundario. «Unas botas para el frío no vienen mal.»
Tati calza 39 y tenemos la más poderosa convicción de que la escuela se va a llenar de regalos para ella.
«Vos sos descendiente de Evita, porque ayudás a la gente más humilde.»
La miré. Y nos abrazamos llorando las dos.

















