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Penas y vaquitas

Por 22 de febrero de 2026abril 26th, 2026No Comments

Con permiso
Penas y vaquitas

22-02-2026 | Redacción | Con Permiso - Lecturas
Todos viernes de ayuno, para limpiar nuestros pecados, porque el hambre te hace bueno, dijeron. Aunque en realidad querían decir que te hace manso, y la mansedumbre te hace digno de caridad.

Por Luciano Debanne.

Las penas son de nosotros, pero las vaquitas son ajenas, cantaba el viejo.

Y es así nomás. Porque si mirás la historia lo primero que hicieron los que ahora son dueños de todo fue sacarnos las vaquitas, a punta de pistola, con leyes y con soldados.

El gobierno hablando con boca de empresario, igualito que ahora.

Es mejor así, nos consolaron, porque ustedes no saben y nosotros sí, nos palmearon la espalda. El ojo del amo engorda el ganado, nos dijeron, y el viernes nosotros pagamos asado para todos, nos mintieron.

Y entonces las vaquitas fueron de ellos, y de nosotros la esperanza de llegar al viernes.

Pero dejaron que nos caguemos de hambre y de cárcel un rato. Todos viernes de ayuno, para limpiar nuestros pecados, porque el hambre te hace bueno, dijeron. Aunque en realidad querían decir que te hace manso, y la mansedumbre te hace digno de caridad.

Y entonces buscaron a nuestros hijos y nietos y les ofrecieron cuidar los campos y las vaquitas que antes eran nuestras y ahora de ellos.

¿Y las penas patrón? Las penas son de ustedes, a rebuscarse, nos dijeron. A Dios rogando, y con el mazo dando.

Pero mirá lo que son las cosas, por más que tengas muchas vacas, igual necesitás que alguien las cuide. Igual necesitas laburantes.

Dos cosas nos quedaron: el trabajo para subsistir y la libertad de negarse a trabajar.

Y ahí están ahora estos tipos comentando en las redes: ¡trabajen vagos!

Vagos. El mismo argumento usado en la colonia para domesticar al gauchaje, el mismo que se usó para sacudir a los inmigrantes que empezaban a organizarse... El mismo argumento de siempre.

Trabajen vagos, les gritan a los laburantes que hacen un paro, y de las dos cosas que les dejaron, ahora quieren que renuncien a otra más: que renunciemos a la libertad de estar en desacuerdo.

¡Trabajen vagos!, gritan. Todos disfrazados de moral, de argumentos republicanos, envueltos en deseos de solidaridad cívica.

Las palabras del patrón, en boca del esclavo.

Como el perro que cuida que no se escapen los otros bichos porque se cree parte de la familia... Aunque lo vivan pateando afuera cada vez que quiere algo más que un hueso seco.