Por Luciano Debanne.
Dice Benedetti que el futuro no es
pura creación,
sino corrección.
«El futuro no es
una página en blanco,
Es una fe
de erratas»
dice Benedetti,
y, por supuesto, ese es el modo
de decirlo mejor.
Debería estar tatuado en las paredes
a veces blancas,
de las universidades,
de los despachos oficiales;
en los membretes protocolares,
en las bandas gubernamentales
que le cruzan a las autoridades
en cada acto de asunción.
En los cuartos oscuros
el día de la votación.
En los talleres de oficio y las oficinas del centro,
en los recibos paupérrimos de la jubilación,
en los barrios pobres con corazón de comedor.
Deberíamos recordar que no está mal equivocarse,
que se trata de avanzar,
corrigiendo, a partir del error.
Pero el futuro tampoco es la página ya escrita,
lo ya redactado,
releído, repetido, atesorado,
¡no!
Es la fe,
de erratas:
Leí de nuevo, me di cuenta,
modifico éstas cosas,
sostengo
pero corrijo.
De puño y letra, lo que ahora agrego,
y de puño y letra, también lo anterior.
Pero eso,
ya lo dijo el poeta
y, al decirlo más simple, lo dijo mejor.


















