Por Luciano Debanne.
Cada quien tiene su propia tormenta y su despejar, su sol, su calma, su brisa, su sombra al pasar.
Cada quien sus propias gotas en la cara, otras gotas, diferentes a las demás.
Cada quien sus nubes con sus formas, sus lunas, sus estrellas y su brillo según su posición.
Cada quien mira su cielo y reza, o analiza, o solo comprende, o se deja llevar, llorando o sonriendo, por la incertidumbre y la indefinición.
Cada quien su infinito, su universo entero, su tiempo y su lugar.
Cada quien su propia tormenta, que ni lado a lado hay una tormenta que sea igual.

















