
Con permisoEl viento de agosto

Por Luciano Debanne.
El viento de agosto se lleva cosas.
Las sábanas colgadas que el broche no quiso retener, los papelitos de la calle, el vuelo incompleto del pichón, las ganas en las tardes en que el trabajo no termina.
Se lleva el invierno, y sus fríos, y todo aquello que tenemos del invierno, adherido.
La vida de las personas a las que se le anudó el invierno en su cuerpo o en su corazón.
El viento de agosto se lleva algunos sueños, y algunas promesas, los barriletes desprevenidos, las gorras y los sombreros, los restos de los carteles de la última ronda electoral, y los pasacalles de amores viejos, feliz cumpleaños, qué bueno que volviste, que tengas buen viaje, o compre esto de aquí o aquello de más allá.
El viento de agosto se lleva y trae. Lluvias, tibiezas, flores que aún no están.
Tanto se lleva y tanto trae, habrá que pedirle que haga un esfuercito y se lleve también a estos miserables, y que con ellos se lleve su crueldad invernal.


