
Con permisoEl horizonte arde

Por Luciano Debanne.
Hay huesitos de pájaros quemados,
y caracoles blancos vacíos de dolor,
y la tierra clara bajo lo negro,
troncos partidos de cicatrices rojas.
Sendas que aún se ven.
Pastos oscuros.
Paisajes que tienen la calma muerta de después de la furia enardecida.
Y un silencio de luciérnagas chispeantes, que ya no están.
Sin embargo el horizonte arde.
Ese humo, ese olor.


