
Con permisoTío Tigre y Tío Conejo

Por Luciano Debanne.
¿Escucharon alguna vez ese cuento popular venezolano sobre Tío Tigre y Tío Conejo?
¿No? Si quieren se los cuento, porque me parece que viene al caso...
Resulta que estaba Tío Conejo lo más pancho haciendo sus cosas, cuando de repente apareció su enemigo de toda la vida: Tío Tigre.
Cuentan que llegó silenciosamente, por detrás y aunque ya todo era muy obvio, va y le dice: "¡Al fin te he atrapado, Tío Conejo ! ¡Voy a devorarte!" y abrió sus fauces llenas de dientotes afilados como si fueran un ejército lleno de muerte.
Todos le tenían miedo a Tío Tigre porque era de andar comiéndose a todos sus vecinos cada vez que podía, pero Tío Conejo lo había engañado muchas veces con su astucia e inteligencia.
Dicen que esa vez Tío Conejo, capaz de la sorpresa y el susto, abrió grande, grande, sus grandes ojos rojos.
Y cuenta un pajarito chiquitico que andaba volando por ahí que en ese momento a Tío Conejo le brillaron los ojos rojos como con una luz profunda, profunda; como si0 se hubiese acordado de todas las veces que los conejos se habían escapado de todos los tigres del mundo.
Y entonces dicen que Tío Conejo se sobrepuso un poco del miedo y dijo:
-Usted sabrá, Tío Tigre, que yo vengo de una mala época y que ahora tengo muy poca carne y soy muy flaquito...
Y señalando unas enormes sombras que sobresalían en lo más alto de la colina, justo donde estaba el sol, agregó:
-Allá arriba tengo unas vacas muy gordas y le puedo regalar una. Si usted no me come...
Cuentan quienes cuentan cosas, allá en Venezuela, que Tío Tigre, que siempre fue glotón y que creía que ya tenía la cena de conejo ganada, se quedó pensativo y le dijo a Tío Conejo:
-Está bien. Si me da una vaca gordita le perdono la vida.
Y ahí nomás, ni lento ni perezoso, Tío Conejo le dijo:
-Cómo no, Tío Tigre.
Y empezó a subir la loma, con el sol de frente y Tío Tigre vigilándolo de atrás. Se fue corriendo, corriendo, cerro arriba. Y cuando llegó, le gritó:
-¡Abra bien los brazos, Tío Tigre, que ahí le mando una novilla muy gorda para que se llene!
Y Tío Tigre, que tenía la confianza de los que son más fuertes que el resto, abrió los brazos y se puso a esperar su vaca gorda.
Pero las sombras eran en realidad unas piedrotas enormes de las que, como encandilaba el sol, no se distinguían más que el contorno.
Entonces Tío Conejo se armó de todas las fuerzas que tenía, y de las que no tenía también, y empujó la piedra más grande de la cima, que cayó cerro abajo rodando a todo lo que da.
Tío Tigre, que estaba cegado por el sol y por su ambición, sólo pensaba en el banquete que se iba a dar y se puso a tiro en el camino de la piedrota creyendo que era la cena.
Cuentan los que lo vieron que la piedra cayó encima de Tío Tigre y lo dejó aplastado como una cachapa de jojoto, o como diríamos acá, aplastado como una tortilla.
Tío Conejo aprovechó el momento para huir nuevamente de su feroz enemigo histórico, y se perdió en la serranía.
Dicen que antes de irse el pajarito chiquitico, le dio tres vueltas sobre la cabeza a Tío Conejo y silbó una canción de felicitación.
Hay quienes creen que toda esta historia es un invento, que nunca sucedió, que el Tío Tigre siempre gana.
Yo no sé, a mí me parece que no. Capaz porque he visto los ojos rojos de Tío Conejo brillando a la luz del sol.
Ojalá sepa nuevamente Tío Conejo encontrarle la vuelta a tan difícil situación.


