Multiplicando sonrisas

Yusa volvió a Córdoba

12-12-2011 / Crónicas, Crónicas a Destiempo
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En celebración de la generosidad, la enorme artista cubana visitó una vez más nuestra ciudad, junto a su banda, para deleitarnos. Apuntes sueltos de lo vivido.


Yusa volvió a Córdoba

Por | redaccion351@gmail.com

Fotos: Mar Sánchez Rial

Tardecita en Caseros al 900.

Prueba de sonido. Natalia, amiga de todos, va y viene. Están por llegar algunos medios.

Estamos por irnos con el tocayo Hamada, para volver. Además de todo, Hamada fotógrafo.

Saludamos de pasada. Yusa mira de reojo y nos dice con el dedo: “No se vayan.” Ah bueno.

Está terminando el cumpleaños de un compañerito de básquet. Celso Barrios al fondo. No llego.

Vértigo de diagonales y rectas: San Juan, Yrigoyen, Valparaíso, Chanetón, Elías Yofre, Richieri, Celso Barrios. De La Fábrica a Celso Barrios al 3400 en 10 minutos.

Hola hijo, hola Joaquín, hola Tobi. ¡Tino! ¡Hola loco! ¿Cómo la pasaron? ¿Lindo? ¡Bueno agarren las sorpresitas y vamos! Buscamos a mamá y vamos a La Fábrica.

Nueve y media. Mensaje de texto: “Che se me complicó. Nos vemos mañana”. «Oh… Bueno dale, veo si alguien puede pasarme fotos.»

Diez menos cuarto. Entramos. Los chicos se pierden por las escaleras, derecho a la sala de danza. Guerrita de almohadones.

Ya no hay lugar para sentarse. Amigos al lado de la escalera. ¡Bingo!

Alguien desenfunda una cámara de fotos. “Hola, disculpame, mirá yo soy de una página de noticias. Quien venía de fotógrafo no pudo. Por las dudas, vos me podrás pasar un par?” “!Sí claro! Te dejo mi tarjeta.” “¡Buenísimo! Mil gracias!” Vamos a tener fotos.

Cerveza obvio. ¡Cómo que no hay cheddar para las papas! Bueno, todo bien. ¿Y qué más puede ser? Una pizza, dale.

Viene Yusa de la calle. Aplausos. Sube las escaleras. «¿Vamos a fumar antes de que arranque?» «¡Vamos!»

Foto vieja, aérea, inagotable, de Córdoba en la entrada. «¿Te diste cuenta de que no estaba la Plaza de la Intendencia?» «Aburre siempre la misma pregunta.»

¡Uy dale que empezó!

Quique Ferrari y Cris Faid en el escenario. Arranque como cheddar para las papas.

Baja Yusa. Llega la pizza gambeteando aplausos.

Arranque con A las doce. Guitarra electrizada. Bolero transitivo. Hipérbole de aplauso en primera persona del plural.

Afinación. Ruido fantasma desde algún amplificador.

Walking Heads. Oslo en la memoria. Última parte de samba. Letra en inglés. Fragmentos de (mínimo) Cuba, Argentina, Noruega, Brasil.

La Fábula. Había una vez una cubana que tocaba cualquier instrumento y así vivió y vivirá feliz para siempre. Final casi a lo Rey Crimson, en honor a su majestad.

Sale guitarra eléctrica. Entra acústica.

Saludo. Presentación de discos. Capaz que ya los conocemos. Es casi una convivencia. Yusa pone el despertador. Breathe prepara el desayuno. Haiku se demora en la sobremesa.

Cuestión de Ángulo. O «La ratonera». Primer disco. Yusa: la impertinencia de esa música. Labios de cencerro. Saludos al manisero.

Sola en el escenario. Tomando el centro. Fábrica tomada. Ruedan las armonías. Cantan las bocas. Primera canción del primer disco. Amanecer de Yusa. Pronóstico extendido: una pila de vida donde quiera que vaya. ¡Viva viva viva la música! ¡Viva viva viva el sol!

Baja guitarra acústica. Sube bajo. No suena. “Bueno, es que estamos en el club del cine mudo.” Los rostros con sonrisas van mudando a sonrisas con rostros.

Time Is Just a Shadow. La letra dice: “Cada rincón tiene una historia diferente que contar y una palpitación que se genera en la necesidad de cada cual.” Sí. Un pero posible: mientras muchos, muchísimos, palpitan en un chinguichingui de mi mayor-la menor, por ahí un sol, de vez en cuando un re, con viento a favor un do y un fa en algún arrebato de inspiración, Yusa palpita enredando pentagramas, “desparalelándolos”.

Descansa el bajo. Tiembla el cajón flamenco. Junto a la batería de Faiad, Flash, dedicado a la mujer y a todo hombre que haya amado a una mujer. Carrera de destreza. Los dos a la final.

De colores. Quique Ferrari, portentoso. Bajo de 6 cilindros en línea. Contrapuntos de la mano y remedo del pájaro loco en el final. Aplausómetro al rojo vivo. «¡Mozo, otra cerveza!»

¿Sirvió de algo? Todos locos. Vuelan pelucas de alondras. Versión rompeportones para que los semáforos de la Mariano Moreno saquen la lengua y hagan cuernitos. Letra para alguien que se fue. Música para rodar la luna por Caseros. Vení, volá, vení. Flequillos a dos aguas en las primeras filas.

“Pasemos a algo más romántico. Este tema me salvó. Venía en picada, bueno, ustedes saben…” (Imposible reproducir el resto, a veces sólo queda la risa en la memoria). No tengo otro lugar. Yusa enamoradora. Ferrari montado en scat sobre el bajo. «Che tomemos que se calienta la cerveza.»

Remera roja; pantalón de esa tela que se seca rápido (¡esa misma!); “¡Papi papi! ¡Mirá las botitas que clavó el Raly! ¡Están mortales!”. “¡Uh sí! Todas blancas!”. “¡Le debe gustar jugar al básquet! ¡Hay que invitarlo al club!” “¡Sí! ¡Andá a preguntarle si quiere jugar en Maipú!” “No me animo…”

Presentación con relato del origen de la amistad. Sube Raly y caza la guitarra. Arreglan in situ la intro de “Y te apareces”. Decir que el de las botitas canta como juega Ginobili, es una obviedad. Verlo cantar el estribillo final, a dos metros de distancia, junto a Yusa asistiendo con el bajo, es como ver a los Lakers desde donde los ve Jack Nicholson.

Donde alguien me espera. Formación: Yusa en tres; Raly en guitarra; César Elmo en batería; Sebastián Salles en Bajo. Pujando la semilla.

«¿Qué tocamos Yusa?» «¡Niña Luna!», propone alguien. “¡Ah sí! Niña Luna!” Niña Luna pues.

Yusa descansa. Set de Raly: Chacarera de la espada y Somos nosotros.

Vuelve Yusa. Noticia, desde Breathe. Abstraerse del ambiente. Mirarle los dedos. Sólo los dedos. Acordes como arañas danzantes sobre el puente. Compaces artesanales. Decirlo es fácil.

Conga pasajera. Público de pie, en tránsito perpetuo. Se baila como se es feliz. Del aluvión de aplausos germina el agradecimiento a la Argentina, su público y su música.

Chacarera afrocubana. Sin saberlo, Yusa componía con ritmos de chacarera. Sin saberlo, César Elmo enloquece al cajón. Sin saberlo, Faiad estalla desde la batería.

Polimita y chivo. Lita del prado. Juegan los niños que llevamos dentro. Sube Paula, manager de Yusa, a ayudar con la letra y los ademanes. Aprehensión colectiva inmediata de la canción. Guardería La Fábrica.

“Y seguimos, que tengo deseos de tocar. Estamos cerrando el año.”

¡Por fin el tres! Lección de tres. Historia y antropología del instrumento. Trabajo práctico: ejecución de ritmo tradicional. López Bridón: sobresaliente 10 y felicitado. Premio, medalla y licencia para tocar la música de los campesinos cubanos. Gente simple.

Chiquichaca. Improvisación endemoniada. Pacto de Yusa con el maligno. Síntesis del infierno de géneros. Caronte Ferrari guía con el bajo. Faiad invierte los círculos. Gente patas para arriba, jugando con el mercurio del aplausómetro.

Ningún irse. Una señorita, poseída por la noche, la ataja. Le está pidiendo un tema. Dúo repentino. Yusa desde el escenario y su admiradora desde el costado, cantan Quédate. Generosidad absoluta. Quien hemos venido a escuchar le hace la segunda voz a su admiradora.

Cha cha cha en el final. Besito. Chuik chuik chuik. Gran momento. Ovación abrazadora.

A fumar. A terminar la cerveza. Yusa firmando discos. Energía para no parar. Memoria de una charlita en junio para preguntar sobre la última gacetilla:

– ¿Cómo escribes esas cosas?
–  ¡Ja! Igual no importa. Mirá, los músicos como ustedes han dedicado años y años de esfuerzo para lograr lo que hacen. Desde la infancia no han parado. Acá habremos sido 400 personas. De repente, un tipo que estudió un poco, y que trabaja para un medio que lo urge, manda una nota que a veces es una falta de respeto incalculable a la obra de artistas enormes. Y las lecturas, en esos medios, multiplican en cantidad a quienes vinieron a ver el recital.
– Bueno, ni me hables. Es terrible eso, siempre fue así.
– Por eso, me parece que otra opción es venir a contar lo que pasa, dejándose llevar por la sensibilidad y por la música que pudimos escuchar desde chicos. Finalmente, uno escribe como le sale cuando lo que pudo ver es superior a lo normal.
– ¡Mandame la nota por mail!
– ¡Claro! Gracias de acá a La Plata.