
Con permisoAlguien que las lea

Por Luciano Debanne.
Si lanzaras las palabras como se arroja un proyectil,
o, guardando calma, las dejaras discurrir;
si tiraras consonantes como jabs en un ring,
o amasadas las vocales leudaran su decir.
Si construyes oraciones como si fueran cimientos,
y sobre ellos los sentidos, ladrillos de ir diciendo.
Si ordenaras como paredes la prosa o el verso,
o como árboles de un bosque, sembrado de vientos.
Si regaras por goteo tu escritura de invernadero
o dejaras que crezca libre donde lo permita el suelo;
si buscaras que haga sombra, que proteja o alimente,
o que, hondas sus raíces, fortalezcan su simiente.
Si parieras en teclados, mecánicos o iluminados,
textos ordenados, prolijos y tabulados,
o brotaran de la tinta, con manchas a los costados,
borrones desordenados que serán emprolijados.
Si fueran de la ocurrencia, del ejercicio, o la necedad,
o hijos del privilegio de un tiempo para contemplar;
si fueran una urgencia, o los convoca la necesidad,
o alma alborotada que pulsa para poderse expresar.
Si dispuestas las palabras, dicen algo o solo juegan,
o jugando calan hondo en lo que la seriedad niega,
si son puro ritmo, puro aire, puro fuego, pura seda,
nada son si no se abrazan con alguien que las lea.
Nada son
si no abrazan
a quien por azar las lea.


