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Los hijos de…  (un drama social)

7-10-2016 / Agenda, En Escena, Eventos Destacados, Reseñas
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Los sábados de octubre Medida x Medida pone en escena una obra sobre el mundo del trabajo y sus antagonismos, escrita y dirigida por Soledad González, con actuaciones de Emanuel Muñoz, Josefina Rodríguez y Franco Muñoz.


Los hijos de…  (un drama social)

Por Alejandra Migliore.

“Cuando el cuerpo pierde el equilibrio, el alma ya ha perdido la memoria.”

Los hijos de… es una tratado de geometría, un manifiesto de los cuerpos en el espacio, la diagramación de una topología. El cuerpo viene adelante, precede. Entonces, lo que se tomaba por efecto, deviene causa olvidada. Se confirma así la apuesta materialista que hace la obra… El cuerpo como síntoma, insiste.

Afuera, apenas uno llega a Medida x Medida, se topa con la instalación de Iván Savorgnan que puebla la antesala de cuerpos ausentes, esperando con nosotros, los espectadores. La obra, escrita y dirigida por Soledad González, ya ha comenzado. Es un preámbulo que interpela la espacialidad de nuestros propios cuerpos como ya no dejará de hacerlo, incluso hasta después de que nos hayamos ido.

Adentro lo que se plantea es una lógica de la circulación, como ordena el policía y sugiere la cadena de montaje china, de Perkins y de cualquier industria capitalista moderna. Cada elemento es un eslabón, así se configura también el espacio escénico diseñado por Lilian Mendizábal, cuya organización parece remitir al ludo matic en su distribución y dinámica. Cuatro vértices y un centro vacío. Un recorrido trazado desde la cárcel (o partida) hasta la casa (o meta). ¿Eso equivale a ir de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro?

En Los hijos de… los actos se construyen a partir de la dicotomía adentro-afuera. Tomando como punto de partida e inspiración al Woyzeck de Büchner, se tematiza la exclusión, quedar fuera y estar fuera del sistema. ¿Se trata de la misma operatoria? La obra se ubica en una bisagra histórica y política, la de la transición de una sociedad industrial a una post-industrial. En la primera, adentro-afuera tienen una relación de oposición simple; en la segunda se vinculan de manera dialéctica. Habría dos formas del afuera que se presentan en la figura del desempleo (quedar fuera) y del punk (estar fuera). Guardan una íntima relación, pero no son lo mismo, allí donde quien quedó fuera reclama ingresar, quien está fuera cuestiona el propio adentro. ¿Hay un adentro? Y en tal caso, ¿es deseable estar allí? El punk canta las cuarenta y se quiere anarquista, habita lo liminar: afuera, sí, excluidos, no, adentro, sí, incluidos, no. El punto está en la línea, en el intersticio, en ese resto que hace que los números no cierren, el exterior constitutivo.

Los hijos de… es una obra punk, no porque tematice este género musical (que lo hace), sino porque incorpora su espíritu. La poética punk puede prescindir de su estética, ya que tiene carácter de gesto, no de moda. La cumbia también puede ser punk.

En escena están Franco Muñoz, Josefina Rodríguez y Emanuel “Tete” Muñoz, tres excelentes actores devenidos técnicos y a la inversa. Cada uno de ellos en su “isla” como defendiendo una trinchera. Franco en el diseño sonoro,  Tete en la iluminación, Josefina manipulando un proyector y un cuarto vacante, el que será ocupado alternativamente, aquél que al tiempo que posibilitará la circulación, recordará la falta que impide que el círculo se cierre. Hay un cuarto que falta, un ausente que se hace presente y que se multiplica en los cientos de rostros que muestran las fotografías. Afuera, eran los ropajes sin dueño. Adentro, los rostros desnudos.

En el centro, en la meta, un micrófono. En este ludo matic la Casa es el habla, parece parafrasear González a Heidegger, en un registro que se aleja tanto de una impronta interior como de un enfoque liberal. Se trata de la falla. El desempleado, el desocupado, el pobre, el enfermo.

El continuo es interrumpido, se presenta un hiato que atraviesa toda la estructura narrativa, por ello mismo fragmentaria. El evolucionismo decimonónico del que el capitalismo no dudó en servirse desde sus comienzos en su expresión “social”, enarbolando la bandera del progreso, no aceptaba saltos. “La naturaleza no da saltos” es una manera de imprimir una lógica irrefutable a aquello que no la tiene en el orden social, una forma de conjurar el azar para mejor legitimar una arbitrariedad: la dominación. Los hijos de… procede por saltos.

Franco, Josefina y “Tete” logran la síntesis perfecta de la precisión técnica y el desborde escénico. Como artistas del decir, construyen fotografías verbales de una manera impecable, en una evocación que imprime en la mente del espectador, el cuadro más acabado que cada cual pueda imaginar.

La dramaturgia tramada por Soledad González es bella y compleja, deposita una capa sobre otra con la delicadeza que lo hace la tierra sirviéndose de miles de años, pero ella logra que sedimente en una hora. Ella, que concibe el teatro como voz, compone esta polifonía agridulce que te deja temblando hasta los huesos.

Agendá:

Los hijos de… (un drama social).

En escena: Emanuel Tete Muñoz, Josefina Rodríguez, Franco Muñoz.
Escenografía-vestuario: Lilian Mendizábal.
Instalación-gráfica: Iván Savorgnan.
Concepción y Producción: Los hijos de.
Dramaturgia y dirección: Soledad González.

Sábados de octubre – 21.30 horas.

Medida x Medida – Montevideo 870.

Entrada: $120 – Estudiantes y jubilados: $100. 

Reservas por mail: reservas@mxm.com.ar. TE. 3513394394 (llamadas y whatsapp).