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Los Defensores de Causas Perdidas. Capítulo 14

16-05-2017 / Lecturas
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En esta entrega celestial de una novela sobre placeres más bien proclives al barro, la historia de una diosa y el origen de los ríos por obra y desgracia de incontinencias varoniles. Primera parte.


Los Defensores de Causas Perdidas. Capítulo 14

Por Juan Fragueiro.

Capítulo 14

Los dioses menores reclaman aumento.

Misunimi le pidió una mañana a Fanguropos que extendiera los prados a las colinas de un cerro pelado y que de paso refrescara la tierra con algún río, arroyo o chorro de agua por el estilo. El dios menor se puso verde-oliva y respondió:

-Mi amada diosa… Tenemos escaso presupuesto, mano de obra carísima, materiales de construcción que están por las nubes y no son fáciles de transportar, y en medio de todo esto una protesta de Dioses Menores Agremiados (DMA). ¡Seré dios pero no mago, vieja!

-Me importa un sotísimo -respondió ella- los problemas salariales o gremiales o los de la tuberculosis de la lora… Quiero ríos… ¡Y los quiero ya!

Su grito retumbó en el vacío, en pleno rostro de la Nada y de las piernas de la diosa comenzó a escapar un líquido ocre, tibiezón, con sabor a edulcorante vencido.

Misunimi se había hecho pis y su santo orín engendró el primer cauce de la historia: El cauce del Río Orinuoco.

Empacada y falta de gracia como una mula al percatarse del hecho, la diosa Misunimi se acodó en el respaldo de una roca con forma de sillón y pensó en voz alta:

-Así que la mano de obra está cara, no hay presupuesto, ergo no hay cómo hacer ríos que bendigan la futura nación, esta cosa que estoy empeñada en crear y a la que llamaré… Llamaré…

En ese instante un mosquito hembra picó a la diosa en su oreja produciéndole un sudor frío en el tímpano que la ensordeció por unos minutos. Recuperada del ataque insectológico, la diosa exclamó:

-KORVAZWCHOFONA… -que en el lenguaje vulgar de los dioses menores significa algo así como: “Me cago en la gran puta madre”.

-Acabo de agendarlo, mi dulce y santa señora -acotó Sangulpipo, dios menor que hacía las veces de secretario privado. Y sobre el punto volvió a hablar:

-Tengo una dudita… ¿Con ríos o sin ellos? ¿Esta cosa continuará?

-Por supuesto mi tierno y adorable mancebo. Esto continúa con o sin ríos, con o sin dioses. ¡He dicho!

Tras semejante manifiesto, la diosa redactó una invitación destinada al resto de los dioses menores. La citada invitación rezaba:

La diosa Misunimi, o sea YO, te espera mañana a la nochecita en sus aposentos celestiales,

en los que haremos una fiestita en tu honor y en el de los demás dioses menores como tú.

Habrá grupos musicales (no más de cuatro), payasos, vino, cerveza, muchos jarabes y sidra…

¡No faltes!

Todos acudieron a la cita. Las bebidas corrían por doquier, aunque la comida se hizo esperar bastante. Razones fisiológicas, antes que gastronómicas o filantrópicas, fueron la causa de esta demora, contrariando cierto códice de reuniones divinas. Mientras todos los dioses, mayores y menores, bebían, bebían, bebían, bebían, bebían, bebían, bebían, bebían, bebían y bebían, sus vejigas iban hinchándose a tal punto que en determinado momento estuvieron todos sacudiendo sus mangueras en los troncos de los árboles recién plantados y pintados. Comenzaron a correr hilos de agua por todos lados. Algunos brotaban y otros explotaban hacia arriba (eran los dioses menores más borrachos que al no poder mantenerse en pie orinaban recostados).

Todos esperaban que Misunimi hiciera las delicias de grandes y chicos, desnudándose o bailando alguna salsa sensual, tal era su costumbre cabaretera. Pero la diosa, compenetrada en su tarea de “creadora”, encargada por la Nada, decidió abandonar la frivolidad hasta tener todo en orden. Así que ni un tango se bailó… Ni un bretel de su vestido acampanado soltó… Ni un salto al vacío dio. Toda la fiesta transcurrió aburrida y modosita.

Enterados en Dioses Menores Agremiados del tramposo artilugio del que se valió Misunimi para crear ríos y demás, pusieron el grito en el suelo (ya que en el cielo no los dejaban gritar) y publicaron bandos decretando a la diosa non grata; y a Fanguropos, el delegado, responsable de semejante atropello sindical. Aunque siempre quedó la duda de si no fue, en realidad, que los D.M.A. se ofuscaron por la fiesta tan pacata de la diosa Misunimi. Lo cierto es que la Creación tenía ya sus arroyos danzarines, sus cataratas espumosas, sus mares…

Perdón, mares no había.

Fanguropos, el primer dios menor jodido, pensó vengarse de Misunimi. Para ello ideó un plan en el que involuntariamente intervenía Sangulpipo, el dios menor, secretario privado de la diosa Misunimi…

Continuará…