Clarissa Pinkola Estés

Lecturas irresistibles

28-08-2016 / Lecturas, Palabras Pesadas
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“Mujeres que corren con los lobos” es una historia que reúne todas las historias. Aquí una mirada sobre el poder fascinante de sus palabras.


Lecturas irresistibles

Por Tefi Nosti.

Leer a Clarissa Pinkola Estés es un regalo que toda mujer debe hacerse a sí misma. Debe hacerlo pues resulta una invitación impostergable hacia la esencia de lo femenino, al retorno del poder sagrado de lo dicho y lo narrado, como un regreso al instinto acallado, a la valentía de encontrar lo propio. Leerla es la contemplación y apropiación de un viaje anhelado y mágico, un viaje delicioso entre las palabras justas, entre cuentos y tradiciones, que llevan a la búsqueda por revelar la psiquis.

“Mujeres que corren con los lobos” lleva más de veinte años generando encanto en sus lectores. Su poder seductor radica en una receta literaria perfecta, donde es imposible escapar sin ser develado acerca de algo que puede ser anecdótico, mítico, o un algo complejo y trascendental.

Estés, de 71 años, nació en Estados Unidos. Proveniente de una familia de inmigrantes analfabetos, lleva en sus venas herencias étnicas americanas y europeas. En sus palabras alberga relatos de muchos pueblos. Doctora en estudios interculturales y psicóloga clínica junguiana dedicada al post-trauma, ha trabajado con sobrevivientes de la guerra de Vietnam, dictando talleres de escritura en prisiones y dando apoyo a los sobrevivientes de desastres naturales y atentados, como el del 11 de septiembre.

Su estudio de biología en fauna salvaje, especialmente con lobos, constituyó el puntapié para este libro. “Fue ahí, en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó en mí el concepto del arquetipo de la Mujer Salvaje”. Tanto el lobo como la mujer salvaje surgen en el relato como dos figuras incomprendidas en un ambiente hostil, luchando por hacer prevalecer su instinto.

Su crianza entre lagos, cuevas y barro la convirtió en una apasionada por la naturaleza. “Mi único deseo era ser una caminante extasiada”. Su nacimiento en una familia mexicano-española y luego su adopción por una familia húngara, en suelo norteamericano, la llevó al descubrimiento de los relatos y sus múltiples puntos de contacto a través de figuras claves, referidas por Carl Jung como “arquetipos”.

Los arquetipos junguianos constituyen aquellas imágenes universales que provienen de mitos y leyendas de diversos pueblos y que presentan similitudes, como la figura de Héroe o de Dios, y que conforman lo que se llama el “inconsciente colectivo”.

Abordar a la psicología comprendiendo su componente mítico colectivo permite unir el relato ficcional con el estudio de la mente humana y, por sobre todo, con el componente social y cultural. De esta manera, el apaciguamiento del lado salvaje femenino deja de ser algo alegórico para ser entendido desde un abordaje histórico incuestionable. “La generación a la que yo pertenezco, posterior a la Segunda Guerra Mundial, creció en una época en que a la mujer se la trataba como a una niña y una propiedad”.

Los relatos arquetípicos de Estés, que permiten devolver a la vida a una mujer salvaje no tan antigua pero olvidada, han sido reconocidos y premiados por su contribución a la lucha feminista, en su afán de reivindicar el ser y quehacer de la mujer dentro de una sociedad que la ha acallado por mucho tiempo, perpetuando mecanismos de control, sumisión y culpa.

Esta historia constituye una revisión sobre el cuerpo en sociedad, sobre sus formas y conductas aceptables, pero que han dañado la psique instintiva. Es una búsqueda de reconexión de la simbología con su tradición originaria, con las culturas ancestrales que durante mucho tiempo han comprendido los ciclos de la vida y la muerte de una manera muy distinta.

Su intención es hacer resurgir el impulso autónomo, creativo y original que cada mujer lleva consigo, para retornar al instinto salvaje que aguarda escapar por debajo de sus polleras.