Música en las alturas

Jenny Náger presentó “Estamos. Música a primer oído”

4-11-2014 / Crónicas
Etiquetas: , , ,

Junto a una banda de grandes músicos, un coro de cantantes talentosas, y con la presencia de Arnaldo Antunes, la artista compartió las obras de su último trabajo. Imágenes y apuntes de un recital histórico.


Jenny Náger presentó “Estamos. Música a primer oído”

Por | parietti@redaccion351.com

Fotos: Rocío Yacobone.

¡Viva la Patria! ¡Viva Empalme! ¡Viva Jenny Náger! ¡La Ieni viva!

Perdón. Resumen de apuntes.

Estacionamiento poblado. Veintipico de grados. Puchitos de gente fumando puchitos en las escaleritas y entre las columnas del Pabellón Argentina. Demás notas liminares a pasear.

A ver Jenny:

¿Cómo querés la noche para la presentación de “Estamos”? ¿Así tipo ni frío ni calor? Tomá.

¿Cómo te imaginás el hall del Pabellón Argentina para tu recital? ¿Llenazo de gente haciendo cola y saludándose y todos contentos hablando de vos y de que el disco está buenazo y que vino Arnaldo Antunes? Listo.

¿Cómo querés que vayamos entrando a la Sala de las Américas? Sentándonos en cualquier lado porque la entrada no es numerada, como en los recitales más lindos, y moviendo los hombritos y la capocha con la música que ponga el Fede Flores? Hecho.

¿Querés que manden un poco de humo para que luzca mortalaza la puesta que armaron con esas tarimas forradas de algún papel escrito e iluminado desde adentro y con un set de luces muy buenísimo? Macanudo.

¿Te parece armar una medialuna de músicos y poner al coro en una línea que recorra el ancho del escenario, mitad a cada lado tuyo? Por ejemplo: en una punta, Franco Dall’Amore con las violas; en la otra Tebi Giordano con la batería; al lado de Franco, Germán, tu hermano, con el Nord; al lado de la bata de Tebi, Rodrigo Díaz con el set de percusión; al medio, el Fede Flores con las máquinas, ¿te parece? Y adelante, las chicas. Vos al medio con un vestido rojo furioso. Y a cada lado, dos líneas de voces, empezando por Lucía Rivarola de un lado y su hermana Eli del otro; después, una Viajerita de cada lado: Mariela Carrera del lado de Lucía y Ornella Lanzillotto a la izquierda de Eli y del mismo lado, Julieta Ghibaudo. Va a quedar genial esa distribución.

¿Querés que el aplauso de entrada te tire por la cabeza la idea de que hay un montón de gente que se emociona con lo hacés? Bueno. Ya lo sabías. Pero escuchá…

¿Querés que los primeros acordes y los primeros versos de “Direitinho” te den la pauta de que todo suena perfecto? Cómo no… Todas las líneas bien, todos los micros bien. Todo perfecto. Todo como te merecés.

¿Querés que en el medio de la primera canción de la noche se aparezca Arnaldo Antunes, el autor de las poesías del disco, y te acompañe con esa voz gravísima, para que desde la platea los aplaudamos bastante? ¡Tus deseos son órdenes!

 

Si las noches previas al recital dibujaron alguna imagen de lo que sería hermoso vivir, lo estamos viviendo. Si anotamos el nombre de Jenny en la noche del miércoles 29 de octubre para prescindir de cualquier otra actividad, tomamos una de las mejores decisiones del año. Vinimos en busca de una felicidad cumplida de antemano, y nos encontramos, además, con otra: la de una puesta excelente.

Músicos con auriculares, coristas con vestidos blancos para resaltar el rojo del vestido central, luces perfectas. Sólo apuntar los temas, las palabras y lo que pase en el escenario, como registro simple de lo que suceda.

“Outro” es el último tema de “Estamos” y el segundo de su presentación en vivo. Música de máquinas en poder de Gemán, baile de coristas y telaraña de luces. Entre sonidos enredados en juegos de voces, el sonido imponente de la batería de Tebi. Jenny presenta a sus amigas del alma; Franco cambia eléctrica por acústica, suenan tres legüeros para “As coisas”. ¡No sé José la pose de Jenny para tocar el bombo! Germán mete una base que se cuela entre las palmas. Los primeros tres temas justifican las mayúsculas que aparecen entre los apuntes, antes y después de los arreglos de guitarras: ¡EL CORO!

Vuelve Antunes. Había dejado el escenario en el final del inicio. Jenny recita en voz baja. Nadie respira. Tomándose las manos, Arnaldo la mira. El silencio impuesto demora los aplausos. ¿Hay artistas capaces de inmovilizar cada músculo de todo un auditorio? Hay. Una intro de percusión leve para “Pensamento” reabre un juego de luces y versos graves. La música se desvanece para que Jenny sostenga la melodía con su voz, mientras todo funde a negro.

¿Por qué la ovación después de “Pensamento”? Porque las emociones van y vienen por donde los artistas quieren. ¿Por qué pasa esto? ¿Jenny Náger es una artista que presenta a menudo este tipo de espectáculos? No. ¿Jenny Náger puede manipular el ánimo de una audiencia con el solo acto de sentarse con su guitarra a cantar lo que quiera? Sí. ¿Estamos habituados a ver a Jenny Náger dominando una puesta como la de “Estamos”? No. ¿Es comprensible la vehemencia en el aplauso del público al verla así, manejando otra dimensión de su figura sobre el escenario? ¡¡¡Sí!!!

 

Un saludo de agradecimiento a Arnaldo sirve de pie a la presentación de los músicos. Ingresa Sofía del Moral para una versión sublime de “O mar”. Hay que elegir “sublime” para adjetivar una interpretación… Tiene poca prensa “sublime”. La moda adjetiva con “tremendo”. Pero la música que sale del cello de Sofía, de la eléctrica blanca de Franco, de los ruiditos de Germán, de los arreglos mínimos de percusión, del coro mayúsculo de cinco mujeres y de la voz de Antunes recitando “é impossível mentir para o mar”, no es tremenda, es sublime. Algo “tremendo” sacude, agita, violenta. Algo “sublime” aliviana, purifica, eleva, y “O mar” deja ver caras de ángeles entre las filas.

La línea de voces toma un descanso para que Jenny, Arnaldo y Lucía interpreten “Inferno”. La medialuna de músicos también se reduce a la acústica de Franco, al Nord de Germán y a los enseres de Rodrigo. Una lluvia de luces rojas bendice el canto de madre e hija. En los versos de Antunes, el tiempo no pasa y la paz aburre. El poeta rompe los marcos. Hay un rap para que Lucía y Jenny se liberen al baile. Es otro gran momento que crece en intensidad con Fede Flores y Germán colgando la música en un remix que devuelve a Eli para sumar coros. El vaivén de sensaciones ya es un capricho de los músicos.

En “Esquecimento”, una intro de percusión tremenda (y acá sí va bien el adjetivo, porque nos pega en el pecho) incluye a Franco dándole a una cacerola y deja al público en manos, o mejor, en las voces del coro. La interpretación despierta aplausos de la propia Jenny, que dirá “está todo pensado con ellas”. Lo bien que pensaron…

Entra Juan Marcelo Lucero, hermano de la vida. Acerca una silla. Jenny se sienta, cruza las piernas y posa en ellas su guitarra para devolvernos su figura esencial. En un momento único, sus cinco amigas la miran cantar, como alumnas agradecidas. Es una imagen que no aparece en el disco. En sus diez canciones, no encontramos esa versión de voz y guitarra. Suena “Beija Flor”, para que Arnaldo vuelva al escenario y recite sus versos.

 

Que Franco se cuelgue el cavaquinho nos hace adivinar el inicio del disco. Más de uno habrá esperado la interpretación de “Nos” para dimensionar el poder de esa canción. Jenny cuenta que apenas vio la letra se le apareció la melodía. De por ahí el subtítulo “Música a primer oído”. Germán se muda del Nord a la percusión. (Un dato innecesario: Germán es el núcleo sonoro de todas las instrumentaciones. Dos datos innecesarios: como algunas pocas familias, los Náger existen para levantar la vara de la música de Córdoba.) A los pocos segundos del inicio, “pará pará, que me equivoqué… Tuve un día de locos hoy…” Entre las risas, “¡Te bancamos Jenny!”. Va de nuevo. Arranca sola, la sigue Lucía, se suma el resto. De repente, en un copamiento de los percusionistas, explotan los tambores y el cavaquinho es un cosquilleo que levanta lo que no podrían dos cajas de ibuprofeno. Una observación objetiva describiría el momento en portugués: ¡maravilhoso!

“Cuando pe-pe-pensé en ese tema… (Perdón… pasa que de chica era tartamuda.) cada momento podía ser un titulo…” Se pone a cantar a capella, se equivoca… nos reímos, repasa los versos, admirándolos… “Escuchen, la parte que dice ‘Bajo el mismo párpado… Ya y todavía’… ¡Imaginate! ¡Una bomba! Un aplauso para Arnaldo…”

 

Aparece un Berimbau para “Depois do raio”. Franco vuelve a la eléctrica; Germán vuelve a los ruidos locos; el coro vuelve a volver locos a todos; la batería explota el tema en un funk con f de “!Foooo!” Hay un solo de Germán sobre los bombazos de Tebi que de a poco se queda jugando en un samba. Las tarimas tiemblan de luz, los aplausos hacen juego con la altura de la noche.

“Fotos que quedarán en mi corazón”, dice Jenny, mientras aparece Arnaldo en su hombro. Fede Flores marca el ritmo de “O meu tempo”. Germán con la melódica; Franco con la acústica; el coro con las palmas de todos. Hay palabras tapadas por la ovación del final.

Los agradecimientos abarcan al público, a la UNC, a los músicos y amigos, a Samadhi por el registro de todo, a Gastón Sironi y Juan Marcelo Lucero, a Arnaldo claro, a Mariano Olmedo por el sonido, a Víctor Acosta por las luces, a los periodistas, a todos.

El bis repite “Direitinho”, para que cantemos como en misa, con Arnaldo y Jenny dirigiendo abrazados, para cerrar a capella.

¿Querés Jenny que después del recital te inunde un mar de abrazos y felicitaciones? Lo pedís, lo tenés.

¿Querés que nos acordemos de todo esto para todo el viaje? ¡Sali vale!