Con permiso

Te va a alcanzar

3-06-2018 / Con Permiso, Lecturas
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Aunque por ahora no sientas el olor, aunque tu lejanía no te deje ver cómo se resquebraja todo. No habrá castigo para tus silencios pero tampoco habrá consuelo para las consecuencias de tu complicidad.


Te va a alcanzar

Por Luciano Debanne.

Foto: Captura video de Medionegro.

Esta tragedia te va alcanzar, también te va alcanzar.

No importa desde qué altura lo mires, no hay torre que te salve de ésta. Porque te rodea el abismo y te sostiene el abajo.

Y sabes qué pasa, están tirando tanta mierda, tanta mierda, que rebalsa.

Aunque por ahora no sientas el olor, aunque tu lejanía no te deje ver cómo se resquebraja todo, cómo se hunde todo, a los de abajo los está tapando el lodo.

Y vos ahí, en la terraza, escudriñando el futuro, “hay que esperar, hay que aguantar”. Pero el que aguanta es otro, el que sostiene es otro. Y mientras se hunden, se ahogan, los cimientos que te sostienen con el culo seco y la panza caliente.

Pero escuchá lo que te digo: esta tragedia te va a alcanzar, también te va a alcanzar. No importa dónde estés, te va a alcanzar.

Capaz no te diste cuenta, porque por ahora abajo todavía aguantan. Saben que si aflojan se les viene todo encima y es peor. Pero en cualquier momento no aguantan más, o por hundidos o por fatiga, y entonces, entonces, vamos a ver. 

Vamos a ver cómo caen desde las alturas los esperadores seriales; los esperanzadores de cotillón; los oradores, horadadores, de las grietas; los animadores de eventos oficiales; vamos a ver cómo caen, y se lamentan, y lloran.

Vamos a verte caer, a vos también vamos a verte caer, todo envuelto en tus zonceras.

Y no habrá castigo, probablemente, no habrá castigo para tu malicia, no habrá castigo para tus silencios, no habrá castigo para tu mano alzada a favor del dolor. 

No habrá castigo porque estaremos todos intentando resolver cosas más urgentes.

No habrá castigo pero tampoco habrá consuelo, no habrá consuelo para las consecuencias de tu complicidad. Tu destino es de soledad y no hay malaria más dura que la que se afronta solo.

Pobres los tuyos a quien tu desidia también condena. Pobre los tuyos que a sus penurias deberán sumar la vergüenza de tu complicidad.