Un DT de todos los tiempos

Spinetta se presentó en Córdoba

3-07-2016 / Crónicas, Crónicas a Destiempo
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El viernes 2 de julio de 2010, el gran músico se presentó en el Orfeo. Fue su último recital en la ciudad, en plena euforia por el mundial de fútbol. Al revisar los temas del concierto, un paseo por casi todas las épocas, fue imposible evitar la tentación de jugar con su interminable lista de obras y los avatares de la Selección. Seis años después, un rescate con notas actuales sin consuelo.


Spinetta se presentó en Córdoba

Por | parietti@redaccion351.com

Foto: Sergio Manes.

Las luces cenitales del Orfeo se reflejan en el brillo de incontables coronillas. Cunde la alopecia entre boinas, pañuelos al cuello y anteojos sensibles a la belleza.

Padres con madres; madres con hijos; hijos con amigos; amigos con amigas; amigas con novios; novios con suegros; suegros con consuegros; consuegros con nietos (antepenúltima fila de la platea, a la izquierda: pareja de abuelos jóvenes, su hijo y su nieto en brazos de su nuera. Nuera y suegra  hablan de la época de Invisible).

El público de Spinetta conversa sobre libros recientes, amigos que viven en otros países, descubrimientos de artistas, anécdotas de la facultad. Pero sobre todo, conversa sobre las épocas de Spinetta. Se multiplican discusiones amables: que “Artaud” es el mejor de todos; que no hay con qué darle a “Pescado 2”; que “El jardín de los presentes” supera a “Durazno sangrando”; que “Kamikaze” es mejor que todo Jade; que “Un mañana” y “Pan” siguen allá arriba; que es imposible abarcar toda la obra pero si toca “Los libros…” se derrite el Orfeo; que ojalá toque algo de “Pelusón…”, o de los Socios.

Que toque lo que quiera; que la cosa se demora; que suenan palmas; que se apagan las luces.

En cualquier recital, hay momentos que podemos anticipar. Sabemos que al principio, como dijimos, se apagan las luces. Luego sucede lo que, claro, no sucedió con Spinetta.

Primera anormalidad: Los músicos que acompañan a un artista principal suelen ser presentados al promediar el recital, o casi en el final. El Flaco, en cambio, apenas espera que suba el telón, dice buenas noches y presenta a los integrantes de la banda: Nerina Nicotra en bajo; Sergio Verdinelli en batería; Claudio Cardone en teclados polirubro. Delantera cansada de hacer goles.

Segunda anormalidad, ya conocida: Spinetta no domina el escenario desde su centro. Siguiendo con el fútbol, los músicos forman una línea de cuatro, con el capitán por la izquierda. ¿Pero cómo? ¿No era una delantera? Facilongo: hablamos del equipo de Spinetta. ¡Jugadores de toda la cancha!

Tercera anormalidad, aún más conocida: el tema que abre el recital no estremece a todo el público. No hay un arranque furioso. No salen a comerse a nadie. Tampoco esperan en su campo al acecho del contragolpe. Finalmente, una simple razón: no hay triunfo que conseguir. No hay resultado que cuidar. Es el placer de tocar por tocar.  Spinetta, abanderado del “tiqui tiqui”, toca temas de todos los mundiales.

En medio de la locura del mundial, lo que sigue puede ser divertido. Paenza podría escribirlo mucho mejor: Spinetta y los mundiales. No es muy descabellado. Al Flaco le gusta el fútbol. (Nota 2016: le seguirá gustando…)

Su primer disco, “Almendra”, es de 1969. Desde entonces, transcurrieron 11 mundiales: México 1970; Alemania 1974; Argentina 1978; España 1982; México 1986; Italia 1990; EEUU 1994; Francia 1998; Korea-Japón 2002; Alemania 2006; Sudáfrica 2010.

Sumemos los integrantes de las selecciones de nuestro país que participaron en estos mundiales. Resultado de Wikipedia: 156 jugadores.

Sumemos a quienes, además, vistieron la camiseta de la Selección y no llegaron a jugar en un mundial, comenzando por México 1970, donde no clasificamos. La cifra puede duplicarse, o alcanzar al menos los 300 nombres, dirigidos por 17 entrenadores.

En todos estos años, Spinetta tuvo sus propios planteles: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Jade, Los Socios del Desierto. En el medio, varios equipos sin más nombre que el suyo. Publicó 30 discos de estudio (incluido La La La y Fuego gris), al menos 6 discos en vivo, varios singles y Ep’s.

Sumando los temas que no se repiten en ediciones en vivo ni en recopilaciones, y aquellos de su autoría, editados en algún otro disco, Spinetta supera las 350 obras.

Conclusión bisagra para el destino de nadie: en un mismo período de tiempo, ¡tiene más canciones que jugadores tuvo la Selección!

Todos sabemos que por las diferentes selecciones han pasado jugadores buenos, muy buenos, excelentes y extraordinarios. Muy pocos realmente malos, o ninguno. La obra de Spinetta admite la misma escala de valores. Cada época tiene su Perfumo y Houseman, su Olguín y Kempes, su Garré y Maradona, su Sensini y Caniggia, su Chamot y Batistuta, su Garcé y Messi.

Pero una diferencia crucial dirime el juego: Spinetta es un DT de todos los tiempos. Sus canciones de cualquier década siguen saliendo a la cancha. La lista de temas convocados puede cruzar todos los estilos de juego. Las combinaciones son infinitas y al igual que en el fútbol, las disfrutan públicos de todas las generaciones.

La lista del viernes por la noche inició en los alrededores de España ’82 con “Viaje y epílogo”, de Jade. De esa misma formación rescató “Un viento celeste” y “Alma de diamante”.

Como en casi todas sus últimas presentaciones, y como si no le alcanzara con su obra, volvió a interpretar “Las cosas tienen movimiento”, himno de Fito Páez a la vida.

Su revisión de varios combinados cerró el primet tiempo con “Cabecita Calesita”, de “Pan”; “La bengala perdida”, de “Téster de violencia”; “Cementerio club” de “Artaud” (coronillas lustrosas aplaudiendo a rabiar) y “Asilo en tu corazón”, de “La La La”.

En un intermedio lírico, Claudio “Multiprocesadora” Cardone abrió la cancha, se llevó todas las marcas, pateó el corner y fue a cabecear. ¿Cómo se llama eso que hiciste? Preguntó Spinetta volviendo de bambalinas, y se respondió solo: “Postigos de mimbre”

El segundo tiempo abrió con “Filosofía barata y zapatos de goma” (jugador estrella de otro DT eterno); “La mendiga”; “Canción de amor para Olga”; “Despierta en la brisa” y “Tu vuelo al fin”, temas de “Un mañana” interpretados por el mismo plantel que los vio nacer.

SiguieronLove of  my life”, de Pelusón of milk y “8 de octubre” (tema que compuso junto a León Gieco después de  tragedia de Santa Fe). Antes de “Yo miro tu amor”, de “Para los árboles”, el Flaco invitó a un “guitarrista mortal, estratosférico”: Baltasar Comotto. Un pensamiento repentino: esa noche del viernes 2 de julio de 2010, nadie en todo el planeta habrá logrado con una guitarra eléctrica algo superior a lo que hizo Comotto. Muchos de los semipelados del Orfeo se habrán preguntado por la resurrección milagrosa de sus bulbos capilares y habrán encontrado explicación en ese solo de Baltazar, campeón del mundo mundial.

En el amague del fin, un pedido de rezo por Cerati. “Y nos vamos, que mañana hay que ver el partido” (Nota 2016: A llorar al campito). Para el bis del alargue, una que supieron todos: “Rutas argentinas”.

Vendrá Brasil 2014 (Nota 2016: Ufa…); nuevos jugadores que ganarán o perderán y nuevas canciones del Flaco, que jugarán para siempre. (Nota 2016: No hay consuelo… “Los amigo”… No hay consuelo…)