Entrevista a Cristina Luz

Una historia de explotación sexual, valentía y orgasmos

26-04-2011 / Política y Sociedad
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La autora del libro “Orgasmo” contó cómo abandonó la prostitución y la violencia sexual. Además, Cristina dedica parte de su vida a ayudar a mujeres víctimas de maltratos.


Una historia de explotación sexual, valentía y orgasmos

Por | mmuniz@redaccion351.com

Foto: Facundo Martínez | fmartinez@redaccion351.com

“¿Cómo hice para soportar tantos años así?”, se pregunta Cristina Luz cuando, por un momento, detiene su relato y reflexiona acerca de las experiencias que la llevaron a publicar Orgasmo en el año 2006. Y nosotros también nos preguntamos cómo hizo para cicatrizar la cantidad de crueldades que pasaron por su piel. El abandono, el abuso sexual en la niñez y casi 20 años de explotación sexual forman parte de esas crueldades que la marcaron profundamente. Sin embargo, hoy está parada para acompañar con firmeza a otras mujeres que viven atrocidades similares.

Desde el inicio, su vida se tornó por demás complicada: al poco tiempo de nacer, su madre la abandonó y quedó al cuidado de sus tíos. Uno de ellos se aprovechó de su situación de desamparo y abusó sexualmente de ella cuando era apenas una niña.

Después de tomar mucha fuerza, y una bocanada enorme de valentía, huyó de ese entorno y se fue a la ciudad de Córdoba. Pero, no se fue sola. A los 17 años, Luz era mamá de una beba a la que llevaba en brazos con numerosas dudas y solo una certeza: debía darle abrigo, cariño y comida.

En ese contexto tan adverso, a la protagonista no le quedaron muchas opciones y debió ejercer la prostitución. Pensar en aquello, no supone para nada que las cosas mejorarían, aunque a esa edad era poco lo que entendía por “trabajar en la calle”. Como tantas otras chicas, Cristina era explotada por su marido, del cual se había enamorado. Era un hombre que bebía, le pegaba y salía a robar.

Entrevista a Cristina Luz
Entrevista a Cristina Luz

En relación con esto, la entrevistada contó que empezó a escribir a raíz de la sugerencia de un amigo y eso fue, para ella, una salvación. “Descargué todo, creo que la persona que describo en el libro vive ahí dentro y ya no conmigo”, sentenció segundos más tarde. En este sentido, Luz manifestó que no es fácil transmitir el mensaje a otras chicas que experimentan situaciones similares a las de ella o más graves para que tomen la decisión y, de a poco, puedan dejar de hacer ese trabajo. Además, señaló que es complicado lograrlo, ya que en la prostitución se generan redes en las que, por ejemplo, la drogadicción y la delincuencia son prácticas habituales.

Caminar  sin ataduras

Así es que en 2001, luego de un tiempo de decisiones, con mucho esfuerzo, coraje y el claro deseo de querer hacer una vida propia, se separó de su esposo, logró irse con sus hijos de la casa en la que vivía con él, comenzó a estudiar, consiguió trabajo y abandonó el trabajo sexual. Sobre las sensaciones de esos días, recordó: “Hasta ese momento había sido una marioneta; alguien te maneja con los hilos y si, de golpe, esa persona no está, no podés hacer nada, no funcionás”.

Actualmente, a sus 41 años, rescata lo que le tocó vivir para ayudar a otras mujeres en situación de prostitución. Lo hace de manera solitaria, casi como un trabajo de horas extras (no remunerado) o desde la Fundación que las Hermanas Adoratrices coordinan en el barrio Güemes de la ciudad de Córdoba, espacio en el que asistentes sociales y voluntarias cobijaron a Cristina y le mostraron otras salidas. En ese lugar, las religiosas ofrecen talleres de formación en diferentes oficios que, luego, les posibilitan a las jóvenes generar sus propios espacios de trabajo.

Con respecto a ello y en el marco de las situaciones dolorosas a las que niñas, adolescentes y mujeres son sometidas cotidianamente, es sumamente importante sentirse acompañada y que otra persona se interese en una porque “cuando creés que estás sola, no tenés cómo salir de esto”, expresó la entrevistada. Más adelante, Cristina refirió que habitualmente se pierden de vista los distintos roles sociales que desarrolla una mujer: “Además de ser prostituta, una persona también es mujer, madre e hija”. Este es uno de los aspectos que destacó especialmente y que se aborda tanto en los talleres realizados en la casa de las hermanas Adoratrices como en las charlas sobre autoestima y violencia familiar que lleva a cabo en escuelas públicas e instituciones de asistencia a la mujer en riesgo.

Hoy, vive en pareja con el hombre del que se enamoró hace algunos años y experimentó sentimientos completamente desconocidos. “Después de tantas cosas que me hicieron, hubo algo que no me pudieron tocar”, reflexionó. Según sus narraciones, esa época significó redescubrirse, enamorarse de la vida, sentir la libertad de poder decidir y elegir, compartir con amigos y amigas, experiencias que no eran frecuentes para ella.

Aún así, Luz no olvida, no cierra los ojos. Vuelve a encontrarse con esas realidades una y otra vez. Ya no le tocan en carne propia, pero sí le pasan cerca. Y cuando la necesitan, ella acude al llamado de mujeres golpeadas o bajo situación de explotación y les brinda alojamiento, un consejo o tan sólo un abrazo para salir de todas las formas en las que se presenta la crueldad.

 


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