Con Permiso

Nahuel

15-02-2018 / Con Permiso, Lecturas
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Pasó hace mucho, o capaz hace poco, o capaz nos va a pasar más adelante. Tal vez sólo se trate de una historia de tantas contadas en la noche, consejos para andar, esperanzas frente al miedo.


Nahuel

Por Luciano Debanne.

Cuentan las mujeres sabias entre el pueblo de la tierra, que hace mucho tiempo tras una batalla en la que estaban siendo derrotados, un hombre que había tenido que pelear se internó en el bosque, escapando.

Dicen que estuvo escondido varias lunas y varios soles, esperando que pase el peligro, para sobrevivir. Pero en un momento le empezó a pesar la soledad y quizás también la preocupación por su gente. Fue entonces que emprendió la marcha de regreso, atravesando los bosques del sur, rogando no encontrarse con Alihuen, el de los malos augurios.

Después de andar regresando un tiempo sin que nada suceda, una noche el joven vio dos pequeñas luces y creyó, contento, que ya estaba cerca del calor de las fogatas de su gente.

Pero pronto descubrió que estaba equivocado: lo que brillaba en la profundidad de la noche eran los ojos del Nahuel, y su gruñido fue el único sonido que se escuchó.

Dicen que el joven perdido y desamparado lloró de miedo e, imagino yo, de la impotencia que causa una muerte anticipada. Lo cierto es que mientras el Nahuel se acercaba, el que había ido a pelear recordó que en algún momento los animales y los hombres habían sido hermanos.

“Peñi Nahuel, no me hagas daño” dicen que le pidió el hombre al tigre. Y el Nahuel lo miró y aunque nada se dijo, el hombre supo que tenía que seguirlo, que su miedo era injustificado.

Dicen que Nahuel ayudó al joven perdido, que le dio refugio y abrigo, que lo alimentó y cuidó. Y que fue guiándolo y el hombre siguiéndolo, y así anduvieron andando juntos.

Eso dicen que hizo Nahuel, el que vive en los bosques. Y lo acompañó hasta que juntos vieron a lo lejos las columnas de humo de las fogatas del Wall Mapu. Ardía allá adelante el fuego que era seguridad, alegría, bienestar, amor. Esa noche durmieron a la intemperie pero juntos, el hombre que había tenido que ir a pelear y el tigre que lo cuidó en los bosques.

Al amanecer el tigre ya no estaba, y el hombre caminó tranquilo hacía la dicha que lo esperaba entre los suyos.

Cuentan las machi con los sonidos redondos del mapudungún, que en el camino el joven se dio vuelta y gritó al viento un agradecimiento al Nahuel.

Eso pasó hace mucho, o capaz hace poco, o capaz nos va a pasar más adelante. Yo lo escuché en estos días, en medio de noticias que vienen del sur.

Y capaz lo conté mal, mezclado: capaz el joven que se escondió en el bosque y el Nahuel, son lo mismo. Capaz no son persona y bestia, sino sólo historias contadas en la noche, consejos para andar, esperanzas frente al miedo.

Capaz, no sé, capaz Nahuel siga ahí, a pesar de que nos asuste el fuego de su mirada, indicándonos el camino en medio de la oscuridad.