• Araceli Bonfigli
  • Araceli Bonfigli

Araceli Bonfigli

Foto: Vicky Vargas.

2016

Como sujetos sociales y racionales buscamos enmarcar y dar sentido a nuestros actos. Esta manera de proceder no queda exenta a la hora de hacer música, poesía; no podemos dejar de pensarnos a nosotros mismos y a la obra en sí misma con sus significancias al momento de realizar una manifestación artística. Este proceso no siempre resulta igual ni procede de la misma manera mecanicista.

Por otra parte no podemos ser ingenuos y hacer caso omiso a un mercado que nos dice cómo vestirnos, qué comer, qué escuchar, mercado que nos ordena ciertas normas a las que (como hegemonía) aceptamos sin más (aunque también podemos ser conscientes y críticos de ello).

Así, entre el vaivén de la búsqueda en la creación artística y un mercado que va pulsando periódicamente un camino a seguir (o no) es donde considero que están las búsquedas de muchas manifestaciones artísticas (al menos) en Córdoba. Dicha expedición será propia en cada artista o grupo, incluso en cada obra para un mismo artista; y tan particular como la amplia singularidad que el arte permite.

Personalmente intento ser fiel a lo que necesite decir, musical o literariamente. La música puede valerse por sí misma sin necesidad de ser el soporte para otro mensaje más que el que por sí misma deje entrever. Lo mismo pienso de las demás artes.

Pero no pretendo caer en la ingenuidad de que lo que digamos o hagamos con el arte no sea político. Es decir, no hay necesidad de cantar canciones de protesta para que se considere político. Pero me parece deshonesto caer en la apolítica a los fines de responder a un mercado y vender más discos.

Creo que el compromiso pasa por otro lugar, a veces sólo hay que dejar de ver el propio ombligo, y empezar a pensar en la solidaridad. Y hablo también en el ámbito musical. ¿Cómo alguien que hable de amor podría ser tan distinto al bajar de un escenario? ¿Serían un acting, o estaría respondiendo a un mercado más que a una búsqueda artística? Considero como un aspecto muy importante la completitud de un artista, desde su aspecto humano hasta su obra; porque esta última es producto de aquel. Por eso creo que mis referentes resultan ser personas que no sólo me colman desde lo musical, sino también me convencen desde la coherencia con la que proceden como sujetos sociales y políticos (al apoyar causas benéficas, leyes gubernamentales).

Y creo que el trabajo, el esfuerzo, el compromiso, la humildad, el crecer desde abajo y la perseverancia son caminos siempre necesarios en las disciplinas humanísticas. Por eso creo en que todo “crece desde el pie” (Alfredo Zitarrosa), “de la raíz a la copa” (Juan Falú), y como “Toda la vida tiene música hoy” y “Tengo mucho tiempo por hoy, los relojes harán que cante” (Luis Alberto Spinetta) “No será tan fácil, ya sé qué pasa / No será tan simple como pensaba / Como abrir el pecho y sacar el alma / Una cuchillada del amor. (…) Yo vengo a ofrecer mi corazón” (Fito Páez)

Creo también en la identidad, en las raíces, y en las búsquedas incesantes para reconocernos todo el tiempo, como sujetos sociales empapados de una cultura en permanente movimiento y como sujetos individuales que buscan su propia voz yoica desde el lugar del arte en que nos encontremos trabajando.

“Voy hurgando pa’ ver que llevo / sin olvidar destino y pasaje, / origen y documentos. / Me voy a un horizonte / tan difuso / y tan incierto / que mejor me llevo en norte / en una brújula que me invento / la palabra con el acento, / calma en el paso y ansia de abrazo”, como dijo Juan Quintero

“No le esquivo la mirada / a este mundo y su dolor / pero desde la guitarra / me parece ver mejor. / Vocación de andar buscando / una causa, una razón / la palabra más certera / que me copie la emoción / con la chacarera doble / voy cantando y me voy.” Como dijo Carlos Aguirre.

 

2015

La música, como fenómeno que excede todo tipo de acotación, de conceptualización cerrada y excluyente, permite que haya de ella tantas perspectivas como gente intentando comprenderla, estudiarla, construirla, tocarla, escucharla, apreciarla. Es por ello, que tenemos la suerte de contar con un amplio panorama musical, con el más rico colorido, paisajes sonoros que se entremezclan, se cruzan, se nutren, se vierten y se convierten, todo el tiempo.

Que la música sea el medio y el fin en sí misma es parte de lo que puede vivenciarse en el actual contexto  musical, donde también se puede visualizar que parte de las limitaciones y fronteras en las que intentábamos cercenar a los géneros se van disolviendo, dejando así un terreno más propicio para la interrelación de las músicas.

En lo pragmático, quizás ese horizonte de fronteras dispersas ha sido disipado mucho antes, con grandes figuras de nuestra música popular. Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, dentro del Rock han tenido en sus canciones un gran aporte de elementos musicales del tango, del folklore.  Raúl Carnota, Gustavo Leguizamón, han incorporado elementos de armonías de jazz en sus músicas. Sin ir más lejos y por citar sólo algunos de estos referentes, de los que hemos heredado su música como un valioso tesoro.

Resulta interesante una definición de género de Miguel Gringberg en el prólogo de “Cancionistas del Río de La Plata” de Martín Graziano, en que presenta el constante movimiento y cambio de los géneros y la convivencia de los mismos entre sí: “Los géneros musicales no se anulan entre sí, son como las ramas de un árbol perenne. O como los pisos de un edificio cuya construcción es constante. Su evolución no se detiene, pues es parte de la vida emocional de todos los pueblos. Abarcan ritmos, estilos interpretativos, modalidades de baile, instrumentos específicos (…), intérpretes legendarios, modas y mitologías singulares” (Gringberg en Graziano, 2011:5)

Sin pretensiones de realizar un recorrido historicista dentro de la música popular (que resultaría inacabado, por intentar plasmar una realidad en permanente movimiento) es que muchos más músicos que sucedieron a aquellos referentes, también resultaron atravesados por una diversidad de estilos, estéticas y géneros  que supieron hacer convivir en sus producciones.

Todos ellos nos anteceden a nosotros, quienes humildemente intentamos encontrar nuestra propia voz, nuestro propio sonido, sin huir de las raíces, sin renegar de este compendio de músicas (hasta disímiles y dispares a los ojos de algunos teóricos de otros tiempos) que nos atraviesan desde antes de que pudiésemos dar cuenta de ello de manera consciente. “La música, como la identidad de un pueblo, es precisamente el resultado de la tensión entre lo que somos y lo que queremos ser. En ese territorio crispado y en movimiento, oscilando como un equilibrista, hay que empezar a buscar las preguntas.” (Graziano, 2011:10)

En ese tránsito, de búsqueda permanente, de uno mismo, y de uno con la música como extensión de esos encuentros y desencuentros permanentes, es que creo que estamos inmersos en estos tiempos. En buscar el sonido, en los géneros conocidos, los timbres, las melodías, las armonías, que dialoguen entre sí, pudiendo hablar de lo que tenemos por decir; sin limitarnos en lo ortodoxo de los conceptos, dejando que el fluir natural, de lo que hemos mamado musicalmente, hermane las músicas en el plano sonoro, tan volátil por su temporalidad.

Estamos en la búsqueda de nuestra propia canción. La de cada uno. La que quizás pueda hablar más que de uno mismo. La que quizás pueda hablar de uno más que uno mismo.

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