Películas para abarajar antes de cagar fuego

Aguirre, la ira de Dios

2-11-2016 / Lecturas, Menos Mitos
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En nuestro recorrido por algunas de las enormidades de la pantalla grande, no podía demorarse una de locos extremos para no perderse ni por todo el oro de El Dorado.


Aguirre, la ira de Dios

Por Juan Fragueiro.

Sección II, apartado B. De cine, religión y espíritu.

Así como el sexo y el drama, la comedia y el documental, alimentan las colecciones personales, la idea de la religión y el espíritu deben ocupar el lugar central de la parsimonia de ese cine sabatino.

La lista es larga de absoluta larguedad, pero uno puede picar de costado y elegir cinco, veinte películas que nos quitarán el sueño. Os doy fe de ello:“Aguirre, la ira de Dios”, “La vida de Brian”, “El Caballo de Turín”, “Madadayo”, “Año Mariano” y un largo rosario de cuentas en celuloide.

No estaría mal revisar la primera de la lista escuchando su banda sonora.

 

“Aguirre, la ira de Dios”. Werner Herzog, Alemania, 1972. 1 hora y 34 min.

Esencialmente, una película de culto. Materialmente, una película de locos. Los protagonistas de esta cinta setentista son Aguirre (el explorador), Herzog (el director) y Kinski (el loco, el protagonista, el más piantao).

Se trata de una historia real, a la que el alemán Werner Herzog le mete mano por toda la cintura, convirtiéndola al cabo en una narración con una estética impresionante, con un trabajo que no se agota en lo que vimos en la pantalla. El rodaje no estuvo exento de mil travesías con las que se podrían haber filmado muchas películas más, como cuando Herzog obligó a Kinski a terminar la filmación a punta de pistola.

Casi una banda de mafiosos, porque en varias oportunidades el director usó la técnica de provocar al polaco antes de filmar una escena, así es que lo molestaba con ruidos ensordecedores o lo despertaba a la madrugada. Hubo tiros, líos, cosas goldas. Un amigo de Herzog vomitó encima del guión original, así que este lo reescribió en apenas un par de días tratando de recordar puntualmente algunos detalles que al final quedaron en el limbo. La historia, dije, fue caos; la película, caótica. El viaje por el Amazonas buscando la tierra de El Dorado casi sugiere la concreción de una tragedia onírica. Y siempre con Dios cuidando de sus renglones torcidos.

Por momentos, la música del grupo Popol Vuh es una necesaria vía de escape porque el ritmo de la película se convierte en asfixiante divinidad conquistadora.

Varias escenas han trepado al púlpito de lo memorable, pero en realidad hay una que es la más recordada: cuando la balsa de madera se entrevera en un remolino, en uno de los rápidos del río, provocando la muerte y desaparición de los tripulantes. La pretensión de darles cristiana sepultura es arrebatada cuando Aguirre (Kinski sin cognac) dispara balas de cañón provocando el hundimiento de los cadáveres ante la mirada coagulada de santidad del cura que los acompaña.

Nunca encontraron El Dorado, pero la relación entre director y actor se multiplicó en cuatro películas más hasta que se declararon la guerra profesional y uno puteando al otro fueron a tomarse por culo. Ni más cine, ni más proyecto. Sólo odio y enemistad entre dos tipos que nacieron para ser carne y uña.

Después de “Aguirre, la ira de Dios”, todo el cine no es más que un rejunte de voluntades políticamente correctas.

“Aguirre, la ira de Dios”. Audio original